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	<title>Uncategorized &#8211; Instituto Yoskhaz</title>
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		<title>TAO TE CHING (Octogésimo umbral – El laberinto del Camino)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Oct 2026 14:22:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Atenas, Antigua Grecia. Siglo III AC. Deambulaba por las calles de la ciudad en busca de algo que ni siquiera sabía lo que era. Una suave brisa marina atenuaba el calor de la mañana. Una sociedad vibrante se movía en busca de sus tareas e ideales. Pasé frente a mercados, balnearios, talleres y posadas hasta que mi atención se centró en una hermosa construcción, adornada con frescos en las enormes pilastras publicadas en la entrada del edificio. Ilustraron, entre otros hechos históricos, la victoria de Teseo sobre las amazonas, la Batalla de Enoe y la caída de Troya. La construcción formaba un pórtico colorido, similar a un enorme balcón, donde un hombre, de unos cuarenta años de edad, piel bronceada, desgastada por el sol y la sal del mar, baja estatura, cuerpo fruncido y con cierta deformidad física, daba clases de filosofía. Para que quien pasara por la calle escuchara sus palabras y, si quisiera, pudiera unirse al grupo. Habló sobre el valor de la ética y las virtudes para la conquista de la felicidad. Esas palabras despertaron mi interés. Dijo que nació en Fenicia. Se había convertido en comerciante a una edad muy joven. Reunió dinero y adquirió su propio barco. Creta era el principal puerto donde comerciaba con sus productos. Con los beneficios obtenidos, invirtió en nuevos bienes. Sin demora, fue bendecido por la fortuna. Creía haber alcanzado la felicidad. Hasta que una tormenta traicionera se llevó el barco a la za. Sobrevivió al naufragio, pero perdió todo lo que tenía. “¿Qué es un comerciante sin sus mercancías para comercializar? Si la felicidad tiene el signo de la fortuna, ¿qué le queda a una persona alejada de la riqueza?». Eran preguntas retóricas, que servían para agudizar el razonamiento de los estudiantes e iniciar el arco filosófico que se proponía. Continuó: “Mi deseo inicial era empezar de cero. No faltaba conocimiento y disposición para esto. No habría nada de malo en continuar con esta idea. Sin embargo, si una experiencia no genera aprendizaje, significa que la desperdiciamos. Fue entonces cuando me di cuenta de que la felicidad, antes de aterrizar en las playas de la riqueza, necesita viajar por el océano del amor y la sabiduría. En ese momento entendí que, mientras mi bienestar dependiera de circunstancias externas, siempre ajenas a mi voluntad, el miedo a perder lo que había ganado me haría vivir tormentas en el cielo sin tormentas. No hay forma de escapar de la impermanencia inherente al mundo y a la vida. Donde hay miedo no hay paz ni felicidad. Seguiría a la deriva en los mares del azar y, sin poder evitarlo, navegaría asustado por nuevos e impredecibles naufragios. Aspectos existenciales de tal fragilidad no se cooan con logros tan excelsos como la paz y la felicidad. El mero riesgo de perder lo que considero fundamental para mi bienestar, sin que pueda evitarlo, trae agonía a los días. Por lo tanto, no es difícil entender el absurdo contrasento de la creencia de conectar los bienes materiales, no hablo solo de dinero, sino también de cargos, fama o cualquier otro poder mundano, a las plenitudes, las auténticas riquezas del alma. A saber: además de la paz y la felicidad, son el amor, la libertad y la dignidad. Entendí que no me serviría de nada ser un hombre rico de alma pobre. A pesar del lujo, tendría una vida miserable. Un alma enriquecida hace que el individuo sea fuerte y equilibrado para enfrentar los reveses de la existencia y fluir entre problemas complicados y relaciones difíciles con ligereza y suavidad, extrayendo alegría y aprendizaje de todas las cosas, personas y situaciones, en lugar de agregar heridas, asustarse ante los problemas y encontrar conflictos en cada obstáculo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo una pausa por un momento para que la clase concatenara el razonamiento y continuó: “Era necesario construir una forma de ser y vivir capaz de ofrecerme lo mejor de la vida a través de mis entendimientos y actitudes, cuya voluntad y control eran solo para mí. Solo así tendría en mis manos el poder hasta entonces desconocido sobre quién soy, viviría los valores más importantes de la vida y encontraría la dulzura perdida de los días. Quería navegar por los mares de paz y felicidad sin miedo a que otras tormentas pudieran alcanzarme. La solución fue transferirme el poder que siempre había concedido al mundo. Tuve que reelaborar miradas, conceptos y llevar el poder de la vida al centro de la conciencia, donde la verdad florece y genera las virtudes que, en resumen, son las acciones guiadas por el amor y la sabiduría, la ética y el ejercicio del bien. Estos criterios, supuestos en la formación de un nuevo estándar de identidad y personalidad, solo necesitaban el compromiso que asumiría conmigo mismo. Nada más. Este es el eje de la luz por donde transitan las plenitudes. Al comprender que la felicidad reside en la mejor acción -siempre bajo mi control-, nunca en el resultado deseado -porque, esto dependerá de variables externas, fuera de mi dominio-, logré el entendimiento adecuado para la conquista de un tesoro invaluable. Un poder que depende solo de los movimientos internos vinculados a mis percepciones, sensibilidades, decisiones y actitudes. Sin necesidad de la aprobación, permiso o validación de nadie. Una construcción absolutamente interna, de valor inconmensurable e imposible que alguien me tome. Un poder poco conocido, pero a disposición de todas las personas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con un dedo señaló a la mente y con otro señaló su propio corazón y dijo: “Hacer de estos territorios salvajes un reino civilizado donde la libertad, el amor, la dignidad y la paz sean tan constantes como naturales, sin los cuales la felicidad no será posible, debe convertirse en un ideal y un placer. Nunca un sacrificio. Vivir no es fácil, pero la dificultad no tiene por qué robar la alegría de los días. La felicidad no brota del suelo. Es una construcción muy personal. Es decir, nadie puede ceder o transferir a nadie. Cada individuo es responsable de su propia obra”. Ofreció una sonrisa amable a las personas que se detenían para escucharlo desde la calle y continuó: «Hay algunas premisas básicas. La primera de ellas es comprender que las plenitudes son una riqueza inmaterial, tangible solo para la mente y el corazón”. Un estudiante cuestionó si la fortuna era avensa a la felicidad. El profesor fue enfático: “De ninguna manera. El mercader no anula al filósofo, ni se aplica la reciprocidad. En verdad, ambos pueden convivir, ayudarse y completarse en un mismo individuo. En cuanto a la fortuna, todo consuelo será bienvenido, y la recibiré con los brazos abiertos. Sin embargo, me atrevo a saber que solo lo necesario para la supervivencia es fundamental para el bienestar y la miel de la vida. Cada persona es un reino poblado por pensamientos, sentimientos, necesidades, conquistas, frustraciones, alegrías, tristezas, entre otros mil habitantes.<strong>&nbsp;Hay mucha belleza&nbsp;</strong>y riqueza&nbsp;<strong>en&nbsp;</strong>convertirse en el soberano de&nbsp;<strong>un reino simple</strong>, sin excesos, escasez, engaños y mentiras. Sin embargo, lo esencial para el cuerpo y el alma son distintos. Lo básico es suficiente para el cuerpo; el alma necesita aprendizajes y transformaciones constantes». Hablaba de amor y sabiduría, percepción y sensibilidad, virtudes y verdades. De la forma en que viviría contigo y se relacionaría con el mundo. Otro estudiante preguntó cuáles serían los parámetros para definir lo básico de la supervivencia y lo que excedía para volverse superfluo. El filósofo sonrió, como si esperara esta pregunta, y señaló: “Las fronteras serán siempre individuales, determinadas por la conciencia. Lo que tengo que decir, sin miedo a equivocarme, es que cuanto menos necesite, más libre seré. El nivel de necesidad establece el grado de dependencia. Como no tengo control sobre los acontecimientos y las circunstancias externas, la felicidad se aleja de mis manos en la medida exacta de lo que creo que necesito y está fuera de mi dominio. El único control legítimo que tengo es sobre quién soy. Cualquier influencia que pueda ejercer sobre alguien puede significar una usurpación indebida. La reciprocida también se aplica. Así rescate en el mundo un poder que siempre me perteneció, pero que se había perdido en la noche de los tiempos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La clase estaba agitada con esas ideas revolucionarias desde el punto de vista individual, sin la necesidad de ninguna insurrección colectiva. La felicidad no carece de guerras, ni de que alguien haga algo para complacernos o privilegiarnos. Bastan los movimientos internos lúcidos vinculados a desplazamientos externos suaves. Aunque nadie quiera acompañarnos. Un estudiante preguntó cuál sería el poder de la verdad y las virtudes en este proceso de transformación personal. El profesor hizo una advertencia: “La verdad se presenta a medida que avanzamos en el camino del autodescubrimiento. A medida que nos conocemos, la verdad se expande. Entendemos y planificamos acciones cada vez mejores. La verdad es la última frontera conquistada por la conciencia. Esto la hace dinámica y mutante al cambiar al ritmo de los cambios evolutivos, que ocurren con la agudización constante de la percepción y la sensibilidad después de cada experiencia bien elaborada. Las virtudes permiten la aplicabilidad de la verdad a la vida cotidiana. En una relación simbiótica, esas se perfeccionan a medida que avanza esta».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un estudiante se preguntó cómo era posible vivir sin miedo si la muerte es traicionera, vive al acecho y nos alcanza sin previo aviso. El filósofo aclaró: “<strong>Es necesario valorar la muerte</strong>. Todo sufrimiento tiene como causa un juicio equivocado de valores. La muerte no es el fin. Se trata de una transición de continuidad. La muerte es el barco que lleva al otro lado del río de la vida. El nacimiento es el camino de regreso. Nacemos y morimos mil veces para vivir todas las experiencias evolutivas indispensables para conducirnos definitivamente a otras esferas existenciales”. El mismo alumno interrumpió para pedirle al profesor que explicara mejor cuando hablaba de la necesidad de valorar la muerte. El filósofo era un hombre amable: «No me refiero a desear la muerte, lo que sería un acto de desprecio por las oportunidades brindadas por esta increíble escuela planetaria. Vinimos a aprender para evolucionar. Nada más. La muerte nos lleva al renacimiento para que volvamos en condiciones renovadas. De lo contrario, sería mucho más difícil obtener la graduación. De ahí se concluye que la muerte no es inversa a la vida, sino un acto de amor a cada uno de los viajeros. Valorar la muerte es aprovechar las experiencias que ofrece el camino del tiempo. Haremos este vaivén hasta el día en que ya no sea necesario renacer. Valorar la muerte es vencer a la muerte. Es evolucionar hasta que resulte innecesaria. Esta comprensión elimina el miedo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro estudiante argumentó que las personas eran agraciadas de manera desigual. Las condiciones eran diversas. Pobres y ricos, robustos y fruncidos, guapos y feos, altos y bajos, nobles y esclavos. Algunos nacieron en Atenas, otros en Esparta. La vida no trataba a todos de la misma manera. Por lo tanto, no le pareció justo. El filósofo reflexionó: “El método pedagógico del Camino también es muy personal. Como no hay dos personas iguales, la enseñanza será adecuada a las características y necesidades únicas. A cada renacimiento se le atribuyen diferentes aspectos físicos y sociales. Son como las herramientas adecuadas para esa fase de la obra. Las condiciones cambian según la voluntad o la negativa a avanzar en el viaje. Si observamos solo un pequeño tramo del camino del tiempo, será imposible comprender cómo la vida es justa y amorosa. Solo al obtener una visión panorámica de todo el viaje, entendemos la grandeza y las maravillas ocultas en el Camino. Por ahora, haz lo mejor que puedas con las condiciones que tienes. No es raro que las ventajas y los privilegios escondan desafíos extremos. Cuanto mejores sean las condiciones ofrecidas, mayor será la responsabilidad de realización». El estudiante le pidió que ejemplificara. El profesor lo atendió: “<strong>Teniendo&nbsp;un ejército&nbsp;</strong>a su disposición<strong>, no lo use&nbsp;</strong>como ejercicio de orgullo, soberbia y codicia. En verdad, las tropas no son suyas, nunca lo fueron. Están bajo su mando para poner a prueba su humildad, sensatez, misericordia y mansedumbre. Una prueba muy difícil, en la que la mayoría sucumbe y pocos son aprobados».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la acera, una mujer comentó que tenía ganas de viajar a Egipto. Soñaba con conocer las famosas pirámides. Sin embargo, estaba desprovista de recursos. Sin ocultar el sarcasmo, dijo que le encantaría enfrentarse a la prueba de ser dueña de al menos un carro o barco. El filósofo no se dejó alterar por la ironía. Sin perder la serenidad, reflexionó: “Sin duda, los bienes materiales aportan consuelo al cuerpo, pero son incapaces de suavizar la aspereza del alma. No hay nada de malo en conocer lugares agradables o exóticos como los jardines colgantes de Babilonia o el templo de Artemisa en Éfeso. Sin embargo,&nbsp;<strong>aunque tenga&nbsp;</strong>muchos&nbsp;<strong>carros y barcos</strong>, un sabio&nbsp;<strong>evitará viajar lejos&nbsp;</strong>mientras no comience el viaje primordial.No hay viaje más fascinante que el que lo lleva a descubrir, encontrar y conquistarse a sí mismo.De nada sirve de nada ir a lugares lejanos para visitar paisajes paradisíacos mientras vive perdido en las propias ruinas existenciales. Nadie puede escapar de la verdad que le molesta o se niega a afrontar. Sería inútil. Todos llevan sus dificultades e incomprensiones en su equipaje. No hay viaje más hermoso y fructífero que el que nos hace conocer quiénes somos. Fuera de la verdad no hay liberación”. La mujer preguntó a qué liberación se refería. El profesor respondió de inmediato: “De los miedos y sufrimientos. No hay cárceles más largas y severas que los propios malentendidos”. Las miradas eran de perplejidad y encanto. Continuó: “Este es el viaje genuino de la vida. Fuera de las virtudes, las relaciones se vuelven amargas y vacías. Fuera de la verdad quedan engaños, conflictos y agonía. Visitar otras ciudades ofrece entretenimiento; encontrarse a sí mismo otorga poder”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre que también asistía a la clase de la calle, discutió. El poder tenía Felipe de Macedonia, el único rey con fuerza bélica capaz de castigar al Imperio Persa por los abusos cometidos, argumentó. El profesor mantuvo la tranquilidad y reflexionó: “Sin duda, Felipe puede matar, oprimir, dominar y esclavizar. Puede imponerse por la brutalidad y el miedo. Llevar dolor y muerte donde quiera que marche. Sin embargo, es incapaz de sanar y amar. Conoce la gloria de los hombres, pero desconoce la alegría del alma. Confunde el orden público con la paz. Domina los reinos por temer que alguno de ellos lo domine. Siente miedo quien no conoce el coraje. Agresividad no es sinónimo de coraje. El coraje existe para no dejarnos huir de las dificultades. El verdadero coraje es manso y pacífico. Hay formas mucho más sabias de lidiar con los obstáculos sin tener que destruirlos. Los obstáculos más valiosos no están en el mundo, sino que residen en nuestros propios malentendidos, siendo, por lo tanto, fuentes inagotables de aprendizaje. El auténtico valiente,&nbsp;<strong>a pesar de las armas y armaduras&nbsp;</strong>que posee,&nbsp;<strong>no las muestra</strong>. Ya sea porque es un gesto contrario a la virtud &#8211; solo los cobardes acusan, asustan y hacen demostraciones superficiales de poder -, ya sea porque pocos la verían &#8211; nadie puede ver lo que no entiende -, ya sea porque la virtud no hace alarde &#8211; es serena y silenciosa. Por comprender la fragilidad derivada de la incomprensión de quien lo ofende, una persona verdaderamente poderosa se vale de la compasión como escudo. Tiene como espada la generosidad sincera y la firmeza delicada para golpear el corazón del oponente. Nunca para herir, sino en un intento de curar. No admite causar ningún daño a nadie. El amor existe solo para los valientes, capaces de construirse a sí mismos sin tener que dejar a nadie en ruinas». Luego remató: “Es de ese poder de lo que hablo. El poder de la luz”. El hombre respondió diciendo que Felipe, si quería, a su gusto, podía determinar quién se pudriría en una mazmorra. El filósofo explicó: “Puede aprisionar el cuerpo, nunca la conciencia de un individuo que ya lo ha conquistado. El cuerpo se pudre, la conciencia continúa. Nacemos y morimos mil veces. En cada tramo, el Camino entrega al viajero según el valor de los logros realizados y las necesidades de aprendizaje. No cabe queja. La comprensión del significado mayor de la vida fundamenta el coraje genuino. El poder de Felipe es risible a los ojos de un valiente».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos se callaron. El profesor narró una breve historia: “Conocí a un marinero chino en uno de mis viajes a Creta. Llevaba una correa de cuerda llena de nudos en la cintura. No le di importancia. Una mañana, al borde del muelle, noté que añadía otro nudo a la cuerda. Tenía curiosidad. Me explicó:&nbsp;<em>Cada nudo representa una transformación. Al identificar algo en mí que necesita mejorar, comienzo una batalla interna por la superación. Al derrotar a quien era, el que me he convertido registra una victoria más añadiendo otro nudo en la cuerda</em>. El marinero arqueó los labios en una sonrisa, me mostró la cuerda y comentó:&nbsp;<em>Todavía caben muchos nudos. Sin embargo, muchos otros me recuerdan los importantes logros que me hicieron llegar hasta aquí: las transformaciones que poco a poco me convirtieron en una persona diferente y mejor. Todos los días la cuerda me recuerda que no me faltan razones para ser feliz</em>«. Luego agregó: “El proceso evolutivo es la fuente más segura y honesta de felicidad. Tiene independencia y autonomía. Ser consciente de la caminata realizada demuestra lo hermoso y vale la pena que es el viaje, aunque difícil.&nbsp;<strong>La gente tiene que&nbsp;</strong>empezar a&nbsp;<strong>contar los nudos de la cuerda</strong>. No sirve de nada buscar en el mundo lo que sólo encontraremos dentro de nosotros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un estudiante recordó que vivimos en el mundo. Todos tienen cuestiones materiales que resolver. No es posible vivir solo de ideas. La existencia es también una experiencia física, no solo sensorial. El profesor estuvo de acuerdo con un gesto de cabeza y señaló: “Sí, la evolución comienza con la comprensión, pero se completa en la acción. No basta con pensar y sentir la situación, si es necesario moverse a través de ella. La forma en que elaboramos las experiencias proporciona información importante sobre quiénes somos y, sobre todo, quiénes aún no somos. En las relaciones residen algunas de las principales experiencias evolutivas. Tenemos relaciones de varios tipos, desde intrapersonales hasta interpersonales, desde afectivas hasta comerciales. Todas son igualmente importantes por las consecuencias que producen. Incomodidades, desequilibrios, debilidades y niveles de dependencia en los múltiples aspectos existenciales señalan malentendidos aún a la espera de elaboraciones más mejoradas. No basta con una mirada más aguda a las cuestiones intrínsecas. La óptica desde la que interpretamos nuestras necesidades materiales necesita ajustes constantes como una alineación perfecta con las precisiones existenciales». Luego teje algunas analogías: “<strong>La comida frugal puede ser sabrosa&nbsp;</strong>cuando está bien sazonada. Del mismo modo, una vida sencilla, pero bien aprovechada, puede contemplar mucha riqueza.<strong>&nbsp;La ropa bonita no carece de adornos</strong>. La gente interesante tampoco. La elegancia está en la esencia que trasciende y encanta.<strong>&nbsp;Una casa segura no necesita refinamientos&nbsp;</strong>arquitectónicos. Bastan pilares profundos y paredes sólidas. Los cimientos se encuentran bajo tierra, un lugar invisible para aquellos que solo se interesan por las apariencias. Olvidan la importancia de los valores ocultos a la superficie, los genuinos fundamentos de una construcción capaz de soportar las inevitables inclemencias del tiempo. Una vida equilibrada, madura y fantástica necesita movimientos basados en la verdad y las virtudes. Así y solo. Algo imperceptible a quien vive en lo superficial de la existencia”. Hizo una pausa antes de concluir el razonamiento: «No raro, menos es más».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo estudiante comentó que el gran problema del mundo eran las personas. Si fueran más comprensibles, amables y sensatos, el mundo sería un lugar más agradable. Consideraba la posibilidad de vivir lejos de las ciudades, en una isla desierta del Egeo, sin contacto con nadie. Tenía el sueño de convertirse en un sabio. No más viviría desacuerdos y desacuerdos. Encontraría la paz deseada. Un zumbido de aprobación tanto en la clase como en la acera distradicó el entendimiento del filósofo: “Los conflictos externos solo ilustran los malentendidos internos. Un sujeto en paz consigo mismo tiene la ligereza y la suavidad de transitar entre multitudes, ofreciendo lo mejor que hay en sí mismo sin chocar con nadie. Como ya ha realizado gran parte del viaje de autodescubrimiento, conoce tanto las debilidades como los desengaños que, en diferentes niveles, son comunes a todas las personas. Sin excepción. Se vale de la compasión, para no deslizarse en el error de los juicios fáciles, vacíos y baratos, tan comunes como insensatos. Así como hace uso de la firmeza en guiarse por la verdad, de la forma en que la alcanza, y moverse a través de las virtudes para establecer límites indispensables a las relaciones, sin los cuales los abusos permanecerán incorregibles como cualquier otro vicio”. Observó el cambio en la fisonomía de los estudiantes y continuó: «Sin dificultades no hay evolución». Luego preguntó: «¿Cuál es nuestro principal desafío?». Aprender a tratar con las personas con las que nos relacionamos, respondieron con una sola voz. Arqueó los labios en una sonrisa y los desconcertó: “Equivocado. Cada uno se tiene a sí mismo como el gran desafío de la vida. El mundo sirve para generar experiencias a través de las cuales podemos comprender lo que aún desconocemos en nosotros. Todo lo que está mal construido en un reino causa molestia y malestar a sus habitantes. Así somos nosotros con un universo incalculable de ideas y emociones que transitan entre la mente y el corazón. Pacífica o beligerante. Las actitudes, elecciones y posturas, ya sean buenas o malas, solo reflejan esta sociedad interna. Nada más.<strong>&nbsp;Que los reinos vecinos estén a la vista</strong>, que podamos visitarlos,&nbsp;<strong>sin necesidad de vivir en ellos</strong>. Quien no vive en paz consigo mismo nunca podrá vivir bien con nadie. La felicidad y la paz son construcciones individuales con colaboración colectiva. Con cada experiencia podemos perfeccionar aspectos de la identidad y características de la personalidad aún mal elaboradas. Se necesitan innumerables situaciones para que la esencia pueda emerger, ser tallada y convertirse en la verdadera apariencia. No podremos alcanzar tal nivel de amor y sabiduría sin la gente a nuestro alrededor. Las relaciones provocan los desafíos evolutivos. Las dificultades que atormentan no son las de los demás, sino las nuestras. Si el problema son los demás, no olvides que somos el otro de otras personas. Un ermitaño nunca será un sabio. Es solo un triste fugitivo de sí mismo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre en la calle, a mi lado, que escuchaba con interés y atención, preguntó cómo sabría si estaba en la ruta que lo llevaría a las plenitudes de la vida. El profesor explicó: “La ruta de las plenitudes tiene como destino la construcción de una persona sin fragmentos emocionales, residuos de sufrimiento y restos de miedo. Será necesario priorizar los logros internos en detrimento del reconocimiento y los homenajes del mundo. Debe haber placer por la obra, así como alegría por las cosas simples de la vida cotidiana.<strong>&nbsp;Que no falten sonrisas al escuchar&nbsp;</strong>el canto de los&nbsp;<strong>gallos&nbsp;y&nbsp;</strong>el ladrido de los&nbsp;<strong>perros</strong>. Que la primavera te haga bailar, el verano te lleve a pasear, el otoño sea tiempo de aprender y el invierno perfecto para recrearse. Que nunca falte motivo para amar y&nbsp;<strong>que la muerte nos encuentre en paz</strong>. Algo posible solo para aquellos que lograron ir más allá de quiénes eran y de dónde comenzaron en el último tramo del camino del tiempo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El último grano de arena se desvaneció de un recipiente para completar otro. El reloj de arena señalaba el final de la clase. Los estudiantes agradecieron y comentaron las enseñanzas ofrecidas. Las personas que miraban desde la calle también se dispersaron, llevándose ideas que necesitaban maduración para germinar. Me quedé. Después de que todos se fueron, me acerqué al profesor. Confesé estar encantado. Pregunté si desarrollaba una nueva corriente filosófica. Dijo que sí con la cabeza, señaló el edificio y señaló: “Como las clases se imparten bajo este pórtico (<em>stoá&nbsp;</em>en griego), los propios alumnos se autodenominan estoicos. Me gusta la nomenclatura. Que las ideas compartidas aquí sirvan para abrir muchos de los innumerables portales que nos esperan dentro y fuera de nosotros. Solo así tendremos acceso a las maravillas de la vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego me dijo que tenía otros compromisos. Necesitaba ir. Yo también tuve que irme. Agradecí las lecciones, pero admití que no sabía a dónde ir. El filósofo señaló el fresco que retrataba a Teseo. Pidió, después de fijar la pintura en su mente, cerrar los ojos y acompañar al mítico héroe griego a donde quiera que fuera. Obedecí. Me tomó un tiempo que no sé lo que necesito en este ejercicio lúdico. Cuando me di cuenta, estaba en Creta, dentro del famoso Laberinto para enfrentarme al Minotauro. A medida que avanzaba por los astutos pasillos, me encontraba con mis frustraciones, inseguridades y penas. Juntos, formaban la auténtica y oscura entidad mitológica que amenazaba con devorarme. Para volver a la luz, Teseo necesitaba aceptar el desafío de enfrentarse al oponente. De lo contrario, estaría encarcelado para siempre. Los mitos dialogan con el inconsciente. Hablan de lo que no queremos ver o que aún somos incapaces de entender. La nobleza de sentimientos necesita derrotar a los condicionamientos e instintos primitivos. Somos Teseo, pero también somos el Minotauro reunidos a la vez en un mismo individuo. Entendí lo que el filósofo quería mostrarme. Nadie derrota a nadie. Cada uno se vence a sí mismo o no conocerá ninguna victoria. En este momento la puerta del Laberinto se presentó en forma de un extraño mandala. Me dirigí al último portal del viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Ochenta</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay mucha belleza en un reino simple.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es necesario valorar la muerte.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tener un ejército, no lo usa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aunque tenga carros y barcos,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Evite viajar lejos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>A pesar de las armas y armaduras,&nbsp;no las muestra.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La gente necesita contar los nudos de la cuerda.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La comida frugal puede ser sabrosa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La ropa bonita no carece de adornos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una casa segura no necesita refinamiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Que los reinos vecinos estén a la vista,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sin necesidad de vivir en ellos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Que no falten sonrisas al escuchar gallos y perros,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Que la muerte nos encuentre en paz.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>El mendigo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Oct 2026 19:03:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Estuve en el monasterio para otro ciclo de estudios. Había sido una noche difícil. Una avalancha de pensamientos me había robado el sueño. Nadie puede dormir si el ruido y el desorden reinan dentro de la casa. Cada uno vive en sí mismo. Había muchas voces hablando de maldad, abusos...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estuve en el monasterio para otro ciclo de estudios. Había sido una noche difícil. Una avalancha de pensamientos me había robado el sueño. Nadie puede dormir si el ruido y el desorden reinan dentro de la casa. Cada uno vive en sí mismo. Había muchas voces hablando de maldad, abusos y rechazos sufridos. Cuando sucede, el caos se extiende por las habitaciones. Incómodo, sales de casa. Desconéctate de tu esencia para vivir al margen de quién eres. Pierde el rumbo y la identidad. Se vuelve inseguro, los movimientos se vuelven vacilantes, a veces impetuosos. Son síntomas comunes a las dificultades para elaborar los dolores emocionales. En diferentes grados, todos se enfrentan a este desafío existencial. Sin excepción. A nadie le gusta sentirse así, y mucho menos que se den cuenta del desequilibrio por el que atravesamos. Es común hacer un gran esfuerzo para transmitir a todos una imagen de equilibrio y fuerza. Sin embargo, no sirve de nada escenificar una falsa tranquilidad mientras la agonía y el sufrimiento ectan raíces en el corazón. Solo posponemos la resolución del problema. La apariencia, por hermosa que sea, nunca tendrá el poder de transformar la esencia. No iremos a ninguna parte. No hay forma de apagar este fuego sin llegar a un lugar difícil, pero hermoso; delicado, pero poderoso: el núcleo del ser. Instado por estas ideas, dejé de seguir en la cama. Necesitaba pensar en los sentimientos que me movían y, lo que es más importante, a dónde me conducían. De lo contrario, me mantendría alejado de quien necesitaba encontrar: a mí mismo. Me levanté con el cielo aún estrellado. Fui a la cantina, preparé un poco de café, llené una taza y me senté junto a las ventanas con vistas a las montañas. Hubo silencio y quietud. Una maravillosa vibración de paz era la tónica constante del monasterio, un lugar muy agradable para estar. Algunas de las personas que más me valían estaban allí. Aunque las condiciones externas eran perfectas para el bienestar, no toda esa paz era capaz de poner fin al tiroteo de mi corazón en guerra. Después de años y años de estudios, montones de libros leídos, innumerables cursos y conferencias, incontables horas de oración y meditación, todavía era esclavo de mis emociones indomables y descabradas. Era necesario entender lo que aún no había sido capaz de entender. Lo más grave es que ni siquiera sabía por dónde empezar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Empieza por donde doi. El desgarro de la herida es perfecto para dejar entrar la luz», me sorprendió el Viejo, como cariñosamente llamábamos al monje más antiguo de la Orden. Entró en la cantina sin que yo lo notara. Llenó una taza de café y se sentó a la mesa conmigo. Pregunté a qué se refería. Me respondió: “Hablo de los malentendidos que lo arrancan de su eje de luz. Sin la debida comprensión desperdiciará la miel de la vida. No conocerá la paz ni la felicidad. Vivirá amores desgarrados. La libertad seguirá siendo imposible mientras permanezca como rehén del comportamiento ajeno. No menos importante, sin darse cuenta, poco a poco, perderá su dignidad en elecciones desorientadas y actitudes permisivas». Antes de que pudiera decir algo, agregó: «Cuando la voz silencia el dolor, los ojos suplican ayuda». Bebió un sorbo de café y, con su forma sencilla y sincera, me ofreció la bienvenida: «Estoy aquí».</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pude contener la lágrima rebelde que reveló el contenido de los sentimientos y se anticipó a mis palabras. Necesitaba hablar y el Viejo estaba dispuesto a escucharme. Sin juicio ni censura. Hablé por un tiempo que no sé si lo necesito. Conté sobre el historial de rechazo familiar que viví desde la adolescencia. No es fácil ni sencillo crecer en una familia sin sentirse acogido y comprendido en sus necesidades emocionales. A medida que me convertí en adulto, nada cambió. Observó cómo todos se preocupaban por todos, se buscaban, confraternizaban. A menudo he dejado de ser invitado a cumpleaños, reuniones, bodas, fiestas de Navidad y Año Nuevo. No era solo una cuestión de invitaciones. Las críticas fueron feroces. Incluso cuando acerté, para ellos, hubo un error. Decían que el bien practicado había sido motivado por la vanidad o la culpa. Vivir en el seno de una familia sin formar parte de ella era doloroso. Más aún, cuando trataba de hablar con estas personas para entender el motivo de la aspereza, lo negaban. Decían que me amaban. Al momento siguiente, me descartaron. Fue casi una tortura. Experimenté constantes picuinhas y agresividades veladas. Mal-tratos. He citado numerosos episodios aún vivos en la memoria, incluso después de muchas décadas. Aun así, no había renunciado a ser parte de la familia y sentirme amado por ellos. Deseaba que algún día mi valor fuera reconocido. Al final, el Viejo me preguntó: «¿Por qué insistes en faltarte el respeto?». Dije que era necesario ofrecer la otra cara cada vez que nos agredieron. Ofrecer la otra cara, en una mejor interpretación, es mostrar los encantos de la luz a quienes viven en la oscuridad. El buen monje negó con la cabeza y señaló: “Un concepto correcto aplicado al caso equivocado. No hay luz cuando nos dejamos herir para no disgustar a los demás. No devolver el mal con el mal es un acto luminoso. Establecer límites para detener los abusos, también. Nunca permitas que nada ni nadie te destruya. Dejarse destruir es como abandonarse en los oscuros calles de un sufrimiento sin fin”. Frunció las cejas y señaló con seriedad: “Hay una diferencia importante entre persistir e insistir. Persistir es no renunciar a un camino a pesar de los obstáculos que se presentan. Insistir es insistir en continuar por un callejón sin salida. Corresponde a cada uno adaptar la teoría al caso concreto”. Luego me desconcertó: “Estás fragmentado entre el sufrimiento del rechazo y el dolor del crecimiento”. Hizo una pausa para enfatizar: «Sí, crecer duele, causa miedo, ira y culpa. Pero es fundamental para la evolución. Cambiamos la sensación de abandono por el sentimiento de amor propio. Aprendemos a cuidarnos, a entender lo que es mejor para nosotros y adquirimos placer al experimentar nuestra propia reconstrucción. ¡Es maravilloso!”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me pregunté por qué nos resistíamos tanto a llevar a cabo una transformación tan necesaria. El Viejo explicó: “El rechazo es un sufrimiento conocido desde hace mucho tiempo. Crees que ya te has acostumbrado o que sabes cómo lidiar con él. Por eso, prefiere dejarlo como está y tener que enfrentarse al dolor desconocido del crecimiento. No es fácil ir a un lugar donde nunca has estado tanto dentro como fuera de ti mismo. Esto asusta. No siempre es fácil imponer límites a quienes se han acostumbrado a tratarnos sin ningún respeto. Tendrá que contradecir a las personas que cree amar, negando voluntades y deseos a los que se han acostumbrado, pero que hieren su conciencia o lo hacen sentir incómodo. Como enseña una alquimista contemporánea,&nbsp;<em>decir no a las personas que quieren que diga sí, y defender sus límites con personas que están acostumbradas a que no tienen ninguno, provocará una horrible sensación de muerte. Y es una especie de muerte: la muerte de esa parte de ti que piensa que necesita ser irrespetada para ser amada</em>«.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No entendía por qué una transformación tan beneficiosa generaba dolor, miedo, ira o culpa. Creía que al caminar hacia la evolución solo nos tomarían los buenos sentimientos. El buen monje aclaró: “Para llegar a los buenos sentimientos será necesario enfrentar y superar los malos sentimientos. No sólo esto. También tendrá que aprender a interpretar los nuevos sentimientos. Después de todo, todavía no los conoces”. Le pedí que me explicara mejor. El Viejo fue didáctico: “Al principio, será doloroso darse cuenta de que muchos seres queridos no cambiarán de comportamiento, incluso cuando les digas que la forma en que se relacionan contigo los hace sufrir. Tendrá que aceptar que, por ser insensibles al contenido nocivo de sus propias actitudes, tendrá que alejarse de ellas. Tendrá que cerrar ciclos con quien creía que estaría a su lado hasta el día del día sin fin. Sin embargo, el dolor de la pérdida no puede robar la alegría de los incuestionables beneficios que vendrán con los cambios. Entonces, en un mejor análisis, entenderá que no se trata ni de un dolor ni de una pérdida, sino de un sentimiento de perplejidad, aprendizaje y transformación por estar transitando por un camino nunca recorrido».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bebió un sorbo de café y continuó: “Podemos sentir miedo al pensar en cómo reaccionará la gente a los límites que impondremos. Estaremos temerosos si entienden y apoyan nuestra nueva versión. Si sabremos lidiar con la soledad hasta que encontremos a alguien que nos ame y admire por ser quienes realmente somos. Es como volver a la escuela para volver a aprender a ser y vivir de una manera diferente y mejor. El miedo a corto plazo no puede impedir la libertad a largo plazo. Cada ruptura de patrón trae una sensación de inseguridad. Si lo piensas bien, esta sensación es ficticia y desprovista de valor. No hay nada malo en dejar ir lo que no nos hace bien. En verdad, estos nuevos sentimientos son signos de una transformación que se anuncia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo una breve pausa antes de continuar: “Será común si, en un primer momento, nos sentimos culpables por negar los deseos de aquellos a quienes siempre atendemos. Nos sentiremos egoístas por el simple hecho de respetar, valorar y cuidar nuestro propio bienestar. Después de todo, son actitudes que, además de nuevas, generan placer. Una vez que el sufrimiento nos ha hecho compañía durante mucho tiempo, aunque absurdo, dudaremos de nuestro derecho a la felicidad. También será absurdo, y no se sorprenda que suceda, que nos veamos mal al impedir la entrada de quienes siempre se han comportado como si nuestro corazón fuera un burdel o un parque de atracciones. Son nuevos sentimientos derivados de un nuevo comportamiento. Más maduro y evolucionado. No lo dudes, no existe correlación entre la autoestima y el egoísmo. El amor propio es un requisito indispensable para amar más y mejor a todos. Sin eso, esto será imposible”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego explicó: “Sentiremos rabia al darnos cuenta de que muchas personas solo estaban interesadas en las ventajas que disfrutaban en el modelo de relación abusiva que mantenían con nosotros, sin nutrir ningún afecto o interés por nuestras necesidades. Sentiremos ira por haber dejado que nos maltrataran, ya sea por haber tardado en comprender la importancia del respeto por sí mismos, o por no haber tenido el coraje de imponer los límites debidos. Sin embargo, con el cambio de postura, descubriremos el placer por la libertad desconocida, así como por encontrar la identidad perdida. Entonces, el dolor masurado que reinaba en el corazón será reemplazado por la alegría desbordante de quien aprendió a enamorarse de sí mismo. Esto no es vanidad, es autoestima. Primordial a la plenitud”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bebió otro sorbo de café antes de concluir: “Si aún queda alguna duda, recuerde que no hay la menor posibilidad de perfeccionar una relación alimentando un comportamiento incorrecto o enfermizo. Un buen ejercicio es distanciarse de los densos sentimientos a flor de piel, observándose a sí mismo como espectador, como una forma de obtener un panorama general de la triste situación actual, así como de todos los logros a su disposición si acepta el desafío de la redención: la libertad a través de la propia reconstrucción. Cuando entendemos la grandeza de las posibilidades, el movimiento se vuelve inevitable».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenté que este cambio de comportamiento me haría enfrentar muchas dificultades y problemas inevitables. No creía que nadie cambiara su comportamiento solo para complacerme. Incluso porque ya habían demostrado ser insensibles a mis sentimientos. El Viejo asintió con la cabeza y me recordó: “El esfuerzo por cambiar a quien está cómodo donde siempre ha vivido es un ejercicio de los tontos. Somos nosotros los que tenemos que construir un lugar bueno y seguro para vivir, sin depender nunca de que alguien nos ponga donde merecemos estar. No podemos permitir que arruinen o destruyan nuestra casa porque piensen que es de mala carre cerrar la puerta a los alborotadores y malhechores. No olvides que cada uno vive dentro de sí mismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bebió un sorbo de café antes de continuar: “Si quieres liberarte del sufrimiento, tendrás que aprender a defenderte. Tanto de sus propios sentimientos, como hablamos hace un momento, como de aquellas personas que se han acostumbrado a su permisividad. Muchos de ellos reaccionarán mal ante los contratiempos inesperados. Las experiencias evolutivas no existen para ser fáciles, sino para que valgan la pena. Nadie está obligado a abrir caminos dentro de sí mismo para que pueda crecer y avanzar por la vida. Sin embargo, al negar este movimiento, sin importar el flujo de su cuenta bancaria, seguirá en el papel de mendigo existencial, alimentándose de limosna afectiva o contentándose con las migajas de amor que quedan en el plato de los demás. La mayor de las miserias es negarse a sí mismo lo mejor del amor que existe en sí mismo. El amor no sobrevive a la falta de respeto. La mendicidad por restos de afecto y residuos de atención es causa de sufrimientos amargos y profundos. Permanecer en ese lugar es una elección. Salir de él también es una elección. Ambos están a disposición de todos. Amarse a sí mismo para hacerse amado genuinamente es una fórmula probada de bienestar, alegría y felicidad. Sin embargo, solo podremos sentirnos amados por ser quienes somos después de suprimir toda dependencia por aceptación, pertenencia o validación. La dependencia emocional causa una deformación innecesaria al hacer adoptar características extrañas a la propia identidad. Nos dejamos usar y manipular para estar al gusto de quien nunca nos amó. Los personajes y las marionetas sirven solo para el placer de los demás, sin ningún tipo de afecto, respeto o admiración. El amor es reacio a este comportamiento. Sólo el poder de la singularidad y la autenticidad de una persona, por toda la belleza y el encanto únicos que posee, hace abandonar el falso brillo de la inseguridad para dar paso a la luz de la firmeza y la verdad».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Viejo se levantó y se dirigió al armario de la cantina. Cortó dos rebanadas generosas de pastel de maíz, las puso en platos y las trajo a la mesa. Hizo un gesto para que me sirviera en silencio. Era hora de reflexionar sobre el contenido de la conversación que tuvimos. El aprendizaje solo se completa cuando se aplica a la práctica. El conocimiento solo tiene sentido si genera transformación. Todo sufrimiento es síntoma de experiencias mal elaboradas. La vida las repetirá hasta que se vuelvan innecesarias. Necesitaba curarme. Pero sabía que el elixir sugerido por el buen monje podría causar efectos secundarios. Comenté esto con él. El anciano arqueó los labios en una sonrisa, como si ya esperara esta pregunta, y reflexionó: “Habrá momentos de duda e inseguridad. Algo natural para quienes viven el viaje de romper patrones de comportamiento que siempre los acompañan. Habrá una ruptura. El que fuiste durante muchos años dejará de existir para dar paso a una versión diferente de ti mismo. Las prácticas antiguas se cerrarán para siempre. Verás una parte de quien siempre fuiste. Tendrá que aprender y acostumbrarse a vivir con la nueva postura que eligió para posicionarse ante sí mismo y ante el mundo. Una transición que no siempre se entiende en su totalidad de inmediato. Es natural que necesite hacer ajustes durante el proceso. El factor más importante es nunca olvidar que el respeto genuino dialoga con la serenidad, la claridad y la honestidad. Es manso y firme al mismo tiempo. Establece límites sin agresividad o contraataca de cualquier tipo y especie. El respeto es un movimiento interno que se expresa sin pedir permiso ni necesidad de esperar la autorización de nadie. Es el eje central de la dignidad. No podemos exigir que nos respeten, pero tiene que haber un compromiso definitivo de nunca renunciar a él en el trato consigo mismo. El amor propio y el respeto propio componen el marco de la conciencia que ilumina nuestros pasos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vació el café de la taza y concluyó: “Al principio, habrá momentos de incertidumbre en cuanto a las nuevas decisiones. Muchos se dirán decepcionados y se alejarán al ver denegadas las peticiones que siempre han sido atendidas. Eran personas a las que servía sin imponer límites para no disgustarlas. Querías ser entendido y amado por ellas. No te sorprendas ni tengas miedo. Las transformaciones evolutivas son luminosas. Uno de sus efectos es la capacidad de aclarar todo a su alrededor. Las diferencias entre el bien y el mal se hacen claras. Separar lo correcto de lo incorrecto se vuelve más sencillo. No todos los granos son semillas. Quien nos ama siempre se esforzará por entendernos sin exigir ninguna contrapartida a cambio. El amor no cobra precio. Disgustarse para complacer a los demás es un movimiento de desamor». Hizo una pausa antes de añadir: «Confía en tu narrativa y mirada, en tus virtudes y verdades. Perdona y perdónate a ti mismo. Y sigue sin miedo”. Golpeó la mesa con el dedo índice para resaltar las siguientes palabras: “Recuerde que el no, hasta entonces nunca dicho a personas cuyas solicitudes siempre han sido atendidas, significará un sí revolucionario para usted. El amor y el respeto descuidados durante tanto tiempo, finalmente serán rescatados. Este movimiento es parte del arte que depende de la libertad. Las cárceles emocionales, por sus rejas no siempre visibles, terminan imponiendo penas largas y crueles». Luego, concluyó: “Desnudarse del mendigo afectivo que interpretó en sus relaciones por la enorme necesidad emocional que siempre sintió, incluso sin negarle todos los motivos y razones, será fundamental para tomar el control de sus necesidades y verdades. De lo contrario, nunca conocerá el amor genuino”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El día amanecía. Algunos monjes llegaban para el desayuno. El viejo dijo que necesitaba prepararse para la conferencia de esa tarde. Se despidió y se fue con sus pasos lentos, pero seguros. No sin antes hacer un gesto como quien dice que el poder de la curación estaba en mis manos. Me tenía a mí aprovecharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo noveno umbral – Capas profundas)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2026 14:30:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Había decenas de miles acampando en el desierto. Llegué en un momento complicado. Se había producido un violento conflicto entre algunas de esas personas. Un hombre, especialmente quien las dirigió en ese viaje, expresó palabras sensatas y pacificadoras, no sin la debida dosis de firmeza para que quedara la necesaria reflexión por el mal que se causaban a sí mismos. Los conflictos nos alejan, nos consumen y nos agotan. Con unos cincuenta años, tenía el cabello blanquecino temprano como emblema de la responsabilidad asumida ante esa multitud que había confiado sus existencias a la promesa que les había hecho. La piel estaba arrugada por el sol y las incesantes luchas imponderables. “Las más difíciles están bloqueadas dentro de cada uno de nosotros. Modificar patrones de comportamiento significa dejar de ser quienes somos para convertirnos en individuos diferentes y mejores. Sin perder o deformar la esencia, pero haciendo germinar una identidad cada vez más perfeccionada, con el equilibrio y la fuerza necesarios para pulir un nuevo comportamiento, capaz de aportar ligereza y suavidad a los días. Mientras no abandonemos viejos vicios de pensar y sentir, el destino deseado permanecerá distante», recordó a todos. Luego se alejó. La multitud se dispersó. Fui a buscarlo. Después de un tiempo, lo encontré sentado en su tienda. Se recuperó del desgaste emocional provocado por el episodio. Nuestros ojos se encontraron. Sonrió y me hizo un gesto para que me acercara. Me senté en la alfombra que servía de suelo de la tienda. Me ofreció agua y dátiles. Era todo lo que poseía en ese momento. Acepté de buen grado. Pregunté a dónde conducía a esas personas. El hombre me dijo: “Voy a la tierra del renacimiento, un lugar donde se puede respirar libertad, amor, dignidad, paz y felicidad. Sin embargo, el más bello de los jardines desaparecerá en un instante si está ocupado por hordas de orugas. Ya tienen que ser mariposas cuando lleguen allí. El desierto es el capullo indispensable para la metamorfosis existencial”. Pregunté cuándo se irían. El hombre se encogió de hombros y respondió con honestidad: «No lo sé». Quería saber cuánto tiempo habían estado acampando en ese lugar. «Casi diez años», me sorprendió. Antes de ser cuestionado, se aseguró de aclarar: “Un solo pueblo dividido en doce tribus que compiten y se duelan entre sí en lugar de ayudarse mutuamente. Olvidan el propósito común que los hace caminar juntos. No es raro que crezca cause dolor. Insoportable para muchos. Tal vez sea necesario reemplazar una generación por otra, nacida y educada sin los rancios del odio, la mezquindad, los conflictos y la subyugación. Entonces, el viaje que tomaría unas pocas semanas podría extenderse por cuarenta años».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenté que había presenciado la intervención que había hecho. El conflicto había quedado pacificado. El mensaje había sido claro y entendido por todos. El orden se había restablecido, subrayé. El hombre me hizo revisar mi mirada: “<strong>Después de la moderación del conflicto,&nbsp;</strong>es común que quede<strong>&nbsp;algo de resentimiento</strong>. Volver a vivir con personas con las que nos llevamos bien no siempre significa el fin del problema, aunque pese el sincero deseo de cerrar el asunto. El dolor se esconde detrás de varias capas de excusas y razonamientos tortuosos. Cuando se guarda en las capas más profundas, la percepción más precisa sigue siendo difícil. Aunque sentimos, somos incapaces de identificar qué sentimiento guía nuestras actitudes y elecciones. Es como si hubiera alguien dentro de la casa sin que podamos verlo. Poco a poco, el desorden, el desorden y el malestar se extienden hasta el punto de que nos volvemos extraños a nosotros mismos. Vivimos como huéspedes incómodos dentro de nuestra propia casa. Sin darnos cuenta, comenzamos a caminar por el lado oscuro de la carretera. Todos y cada uno de los sentimientos que ignoramos terminan por devorarnos. Mientras no se deshazco de raíz, seremos rehenes de sentimientos desconocidos. En algún momento emergerá de las zonas abisales del corazón para manifestar el dolor sentido, pero negado. El siguiente conflicto tendrá proporciones impredecibles. Todo sufrimiento reprimido se agrande en tamaño, intensidad y descontrol. Cuando se desborde, se manifestará en un tamaño y forma difíciles de administrar. Ya sea en arrebatos de furia o en implosiones de tristeza, la casa estará en ruinas». Frunció las cejas y advirtió: «Recuerda, cada uno vive en sí mismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me pregunté cómo sería posible deshacer definitivamente un resentimiento. Explicó: “Los argumentos correctos sirven de poco para liberarse del amargo residuo y del poder destructivo del dolor. Ninguna idea, por buena que sea, encajará en el lugar de un sentimiento. Solo un buen sentimiento puede ocupar el lugar de un mal sentimiento. La mente guía el corazón, pero no lo controla. Todo sentimiento tiene autonomía e independencia. No basta con conocer teorías y teoremas, es indispensable aprender a sentirse diferente y mejor si quieres avanzar. Lograr la claridad mental para discernir el bien del mal es de suma importancia. Sin embargo, sólo al sentir en el corazón los reflejos exactos de cada movimiento, conquistaremos la nitidez necesaria para distinguir los matices indispensables para no volver a confundir el bien con el mal”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frunció las cejas y advirtió: “No use mis palabras para imaginar que el sentimiento es más importante que la razón. Equivalen a los dos platos de una misma balanza que, cuando están en equilibrio, permiten la perfecta alineación entre percepción y sensibilidad, las bases de la conciencia, cuyos ojos, dependiendo del grado de sencillez y pureza, encontrarán luz o sombras en el mundo y en la vida. Lejos de la razón, el sentimiento pierde la dirección y se frustra en colisiones constantes e innecesarias, desperdiciando el amor en frustraciones y decepciones. Por lo tanto, ofrece razones aparentes para que su poder y eficacia transformadores sigan siendo cuestionados por multitudes inmaduras e individuos desequilibrados».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Admití que el odio y el dolor eran arrestos crueles por impedirnos ir más allá de lo que somos. Al insertarse de manera preponderante en nuestro pensamiento y sentimiento, ocupan la mente y el corazón la mayor parte del tiempo, limitando actos y pasos, deformando elecciones y destinos, robando la paz y la felicidad. Entendí que estos sentimientos cercijaban la auténtica libertad al negar muchas de las posibilidades existentes. Reaccionamos con el no mientras que el sí ofrecía oportunidades increíbles. Perdimos para nosotros mismos. La vida se amiúda. Sin embargo, no entendía cómo hacer, en la práctica, para deshacer estos densos sentimientos en lugar de simplemente esconderlos en los cajones olvidados del alma, como solía suceder. Aunque sabía que de esta manera fomentaba mis propios sufrimientos, confesé que no sabía cómo liberarme de esta rutina de autodestrucción. El hombre bebió un sorbo de agua y explicó: “El primer paso es identificar correctamente el sentimiento que lo aprisiona. A nadie le gusta admitir que tiene un corazón dominado por el odio, la envidia o el egoísmo, solo por poner unos pocos ejemplos. No hay forma de luchar contra algo que creemos que no existe. Siguiente movimiento, abdique de justificar sus malos sentimientos a la actitud de alguien. La acción ajena sólo despertó a lo que estaba dormido. Aunque hayas sido objeto de algún mal, el sentimiento que habita en tu corazón, recorre tus entrañas y estrecha tu mente es tuyo. Siempre lo fue. Así como el mal pertenece a quien lo practica, el sentimiento es de quien lo siente. No esperes a que nadie te retire o se apropie de él. Qué hacer con este sentimiento es de su entera responsabilidad. Aceptar esto es fundamental para la madurez. Por lo tanto,&nbsp;<strong>el sabio asume la mitad izquierda de la disputa,&nbsp;</strong>trayendo a sí el compromiso de deshacer los densos sentimientos que desbordan de su corazón<strong>, sin exigir nada&nbsp;</strong>ni atribuir&nbsp;<strong>a nadie</strong>. Mientras no actúe así, no tendrá acceso a la libertad genuina. Debido a que son inadmisitos, los encarcelados emocionales son los más comunes, largos y crueles. Terminamos autocondenándonos al sufrimiento sin saber nada sobre las razones y fundamentos de la sentencia”. Le pedí que profundizara el razonamiento. Fue didáctico: “Todo conflicto surge y se cierra dentro de nosotros. Al considerar como enemigos a todos aquellos que se oponen a nuestra trayectoria, la batalla permanecerá perdida desde antes de comenzar. Si los tratamos como un factor de transformación y evolución personal, la victoria será segura”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasó la mano por su largo cabello blanquecino antes de continuar con la explicación: “El dolor es el odio guardado durante demasiado tiempo en los cajones del corazón. La injusticia sentida se convertirá en resentimiento si no se deshaye en un corto lapso de tiempo. Somos los sentimientos que nos mueven. Tanto los buenos como los malos. Ellos esculpen y modelan el razonamiento, determinando elecciones y actitudes. Porque, quiénes somos y nuestro destino. Dependiendo del sentimiento, iremos más allá o nos quedaremos cortos. Envolver la demanda con amor consiste, como prioridad, bañarse en amor propio, como primer paso hacia la plenitud. Gustarse a sí mismo es respetarse, entender lo que es mejor para su trayectoria, sentir placer con la propia construcción. Es buscar la cura. Curarse es quitar el mal que un día, por descuido, aceptamos hospedar en nuestra casa. Arregle la ventana sin cobrar nada a quien la rompió, pero la piedra que rompió el vidrio no puede guardarse en el cajón de un armario cualquiera. Esta distinción es de suma importancia. Aunque el sentimiento es suyo, el mal pertenece a quien lo ha practicado. Para ello, la mayoría de las veces, un simple movimiento resulta suficiente. Dígale al interlocutor,&nbsp;<em>no me gustó o no fue justo lo que hizo</em>. Entrega la piedra. Deshazte de lo que no es tuyo. Si se trata de una convivencia dañina, tenga la sensatez y la firmeza de cerrar el ciclo. Todo el mundo tiene ese derecho. Sirve para todo tipo de relación. Cuanto mayor sea el retraso, más graves serán los daños emocionales. Di,&nbsp;<em>no quiero más</em>. Sin descontrol, violencia o agresividad. Sin gestos de revuelta, venganza o revanchismo. Pero con la calma, claridad y objetividad de quien, poco a poco, rescata la dignidad y se convierte en el señor de su propia paz. Puede que no lo parezca, pero es un poder inconmensurable y liberador a disposición de todos. No tengas miedo de usarlo. A continuación, siga adelante sin debates ni discusiones. Nunca esperes arrepentimiento o disculpa. Difícilmente el otro entenderá o estará de acuerdo de inmediato. No importa. Su conciencia, la capa más profunda del yo, guardará el mensaje para en algún momento hacer el debido ajuste de cuentas. No hay juez más justo. Solo ten cuidado de sacar el mal de dentro de ti. Solo así su corazón estará listo para hacer florecer un sentimiento regenerador donde antes imperaba un sentimiento destructivo. Movimientos virtuosos llenos de pureza y mansedumbre &#8211; por negarse a contraatacar el mal con el mal, ni guardar la maldad dentro de sí mismo -; autorrespeto, coraje y honestidad &#8211; por el gesto de amor propio en establecer límites, cesar los abusos e ir al encuentro de lo que es mejor para sí mismo &#8211; nos acercan a la verdad y agregan virtudes al habitante de la casa. Recuerda lo que dije hace un momento, cada uno vive en sí mismo, acompañado de sus ideas, miradas, sentimientos y elecciones. Esto establece tanto la robustez y la belleza como la fragilidad y la confusión de una casa, dependiendo de los huéspedes que elijamos para vivir con nosotros.<strong>&nbsp;Quien es virtuoso, honra el compromiso&nbsp;</strong>que ha asumido con la propia luz, se libera de las cárceles del dolor y conquista la paz interior, el único lugar donde podremos encontrarla genuinamente».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pregunté cómo sucede con aquellos que no se mueven a través de las virtudes. Él respondió de inmediato: “<strong>Aquellos que no las tienen</strong>, viven en la sombría limitación entre el orgullo y el egoísmo, sangran en represalias mutuas y se deleiman en las venganzas disfrazadas bajo el falso argumento del respeto y la justicia. Se vuelven menos cuando podrían ser más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confunden soberbia con dignidad. El amor se aleja, la luz se apaga. Bradam por sus derechos, no siempre alineados con la Ley Mayor,&nbsp;<strong>viven de los impuestos&nbsp;</strong>que cobran. No hablo necesariamente de dinero, sino de tributos emocionales y sociales que, por insensatez o mala fe, se arran de titulares. Se creen privilegiados por los títulos, fortunas y cargos que tienen. Se comportan como acreedores de la humanidad por imaginarse por encima del mundo. No saben nada sobre el amor. No conocen el poder de la luz”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté sobre las consecuencias asurtidas por unos y otros. Aclaró: “El egoísmo se caracteriza por la insensibilidad de quien se preocupa sólo de sus propios intereses y necesidades. El orgullo surge de la inconfesable fragilidad que se desliza en la enfermedad de crear y creer en un personaje cuya característica principal es la absurda idea de una superioridad inexistente. La arrogancia, la soberbia y la empatía son las armas utilizadas para alejar a todas las personas que ponen en peligro la debilidad oculta e inadmisible. Agreden ante la menor amenaza de que se revelen sus verdades». Arqueó los labios en una hermosa sonrisa y comentó: “Por otro lado, en las virtudes, la mirada y la acogida, ya sea sobre uno mismo, ya sea ante el otro, de diferentes maneras, construyen una forma propia de volverse luminoso e iluminar todo y a todos a su alrededor. El honesto acoge con la verdad; el gentil acoge mostrando a las personas la importancia que tienen; el generoso acoge ofreciendo lo mejor que posee; el puro acoge a través del bien; el simple acoge a través de la transparencia; el compasivo acoge con entendimiento; el manso acoge con la paz; el humilde acoge mostrando la belleza y la grandeza de quien aún no es, pero puede llegar a ser si está dispuesto a realizar el difícil, pero, fantástico, viaje de la evolución. Quien es sincero y amoroso se acoge a sí mismo con respeto y dignidad, nunca imponiendo a nadie lo que no le gustaría enfrentar». Pregunté si el Camino favorecía a algunos viajeros en detrimento de otros. El hombre me ofreció un dátil, masticó otro. Volvió a sonreír al sentir el dulce sabor de la fruta y reflexionó: “El sol sale para todos.<strong>&nbsp;El Camino es imparcial</strong>, acoge tanto a los buenos como a los malos, sin privilegios ni excepciones. Sin embargo, por ser justo y pedagógico, cariñoso y sabio, alimenta al jardinero con los frutos de los árboles que ha plantado, alberga al constructor en los edificios que ha levantado.<strong>&nbsp;Devuelve a cada persona la entrega&nbsp;realizada&nbsp;</strong>por ella. Siempre bajo el prisma de la evolución espiritual, ya que las condiciones materiales sirven solo como herramientas para los jardines y las obras. Cuanto mayor sea el poder, mayor será la responsabilidad de plantar y construir. Seremos medidos y pesados con la regla y la balanza que usamos para medir y pesar el mundo. Seremos evaluados en función del aprovechamiento de los dones, habilidades, talentos y oportunidades ofrecidos durante la travesía por el camino del tiempo. No hay queja ni arrepentimiento. Al viajero pertenece la luz conquistada a través de la verdad alcanzada, de las virtudes agregadas y del bien realizado. Nada más. Créalo, no es poco”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Atardecía. Era hora de una reunión con los doce jefes de las tribus que constituían ese pueblo. Era necesario llamarlos la razón y recordarles la responsabilidad y el compromiso que tenían. Todos lo sabían, pero era necesario no dejar que se olvidaran. Los viejos hábitos, mientras no sean totalmente reemplazados en la mente y en el corazón por una nueva forma de pensar y sentir, continuarían como un obstáculo para el viaje hacia la tierra del renacimiento y las plenitudes. Comenté que, milenios después, muchos todavía continuarían esta travesía sin llegar al destino. El hombre negó con la cabeza en señal de resignación y dijo: “El Camino es solitario y solidario al mismo tiempo. Que cada viajero entienda la responsabilidad de sus propios pasos y el compromiso con su propia luz». Necesitaba irme, pero no sabía cómo hacerlo. Me entregó un papiro con diez leyes cósmicas. Conocía ese código sagrado. Sin embargo, nunca despertó ningún interés en mí. Era muy simple, con no más de una o dos frases para cada uno de los decretos. El hombre me advirtió que la simplicidad es poderosa porque tiene varias capas de comprensión. De la superficie al núcleo. Añadió que una comprensión más profunda de esas leyes permitía acceder a portales dimensionales de tiempo y espacio conscienzados. Hizo un gesto de despedida y se fue. Me quedé en la tienda. Lo leí y releí un sinnúmero de veces sin que pasara nada. Estaba a punto de rendirse. Fue entonces cuando me di cuenta de que la lectura literal me dejaría superficial en comprensión. Al buscar las capas más profundas de interpretación, me atrapasó un nuevo encanto ante un viejo texto hasta entonces considerado poco interesante. Así sucede con todos los textos sagrados. Poco a poco, profundicé muchas capas. En la esencia de esas palabras, encontré el portal. No ante mí, sino en mí. Seguí el viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Nueve</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Después de la moderación del conflicto,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Queda cierto resentimiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El sabio asume la mitad izquierda de la tabla,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sin exigir nada a nadie.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Quien es virtuoso, honra el compromiso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los que no los tienen, viven de los impuestos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El Tao es imparcial,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Devuelve a cada hombre según la entrega realizada.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo octavo umbral &#8211; La verdad reside en el reverso de la realidad)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2026 19:00:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gran Cañón. Caminé por las orillas del río Colorado. Hombres y mujeres Sioux preparaban un ceremonial mágico. La magia es transformación. Las internas son las más significativas. Esta es la razón principal de los rituales genuinos. Me recibieron amablemente. Pregunté si necesitaban ayuda. Me pidieron que encendiera una pequeña hoguera cuyo calor serviría para estirar el cuero de los tambores. Todos trabajaron con alegría. Estaban felices de estar allí. Después de un rato, noté a un anciano sentado en una roca no muy lejos. Observó el río como quien, sin prisa, habla con un viejo amigo. Al notar mi interés por ese hombre, una mujer que arreglaba el asa de una canasta, dijo que él era el chamán que dirigiría el ceremonial de esa noche. Con la barbilla señaló el tambor del anciano en medio de otros tambores cerca del fuego. Tenía la hermosa imagen de un alce negro dibujada en el cuero. El alce simboliza la resiliencia, la abnegación y la dignidad en la mitología de los animales de poder. Habla de quien, aunque no siempre es el primero en llegar al destino, lo alcanza con su integridad preservada, explicó. Añadió, además, que ese hombre podía unificar en sí mismo varias corrientes religiosas en una sola. Se había convertido al cristianismo sin perder las conexiones y raíces ancestrales con el Gran Espíritu. A pesar de ser presentados con atuendos diferentes, tenían la misma esencia. Según la mujer, ese hombre, muy respetado y querido por todos, alineó con rara sabiduría filosofías dispares bajo el eje sagrado del amor. Le pregunté si podía hablar un poco con él. Ella dijo que sí con la cabeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me acerqué. El anciano me recibió con una dulce sonrisa. Sus ojos expresaban una tranquilidad inusual y acogedora. Dije esto. Él señaló: “<strong>Nada más tranquilo y acogedor que&nbsp;</strong>observar&nbsp;<strong>las aguas de un río</strong>. Nos traen la serena convicción de que alcanzarán el destino al que se proponen. Con trayectorias y dificultades únicas, a su debido tiempo, las aguas de todos los ríos se encontrarán con el mar». También comenté que tenía la clara sensación de que él y Río eran grandes amigos. Me corrigió: “En realidad, el río ha sido un maestro. Aprendo mucho de nuestras conversaciones”. Al darse cuenta de que había un signo de interrogación en mi fisonomía, aclaró: “Repara las aguas de un río. Cuando son impetuosos, chocan contra las piedras y arrastran al río lo que debería permanecer en las orillas. Se ensucian. Ponen en riesgo la vida ribereña. Hacen movimientos desarmoniosos, contrarios a la vida. Se llevan lo que debería quedar. Por otro lado, cuando están serenas, las aguas fluyen entre los obstáculos con ligereza y suavidad. Lavan las piedras con delicadeza en lugar de entrar en conflicto con ellas. Alimentan la vida que les rodea. Nunca llevan consigo lo que hay que quedarse al margen. Alcanzan el destino con plena integridad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Admití que esa mirada hacía del río un maestro. Sin embargo, en la vida tenemos que lidiar con problemas difíciles, dificultades insuperables y oponentes estrictos. No hay lugar para los débiles. Como si esperara este comentario, el chamán sonrió y reflexionó: “La mansedumbre no es un atributo de los cobardes, sino de los fuertes y valientes. La impetuosidad es una característica común a los temerosos, desequilibrados e incapaces. Atacan porque tienen miedo, toman porque no saben construir. La opción de moverse a través de la humildad y la amabilidad en lugar de moverse a través de la soberbia y la brutalidad requiere fuerza mental y equilibrio emocional. Requiere voluntad firme, conocimiento sobre el sentido de la vida y extrema confianza en el método ofrecido por el Camino. Esto se llama fe. Cuando el mayor de los maestros que ha pisado este planeta dijo que&nbsp;<em>la fe quita montañas</em>, hablaba tanto de la confianza intrínseca ofrecida por la verdad como de las virtudes como instrumentos legítimos para superar todos los momentos difíciles. Las montañas se utilizan como metáfora de las grandes dificultades existenciales. La fe no es solo creencia; se trata, también y principalmente, de una construcción interna. La fe requiere movimiento para mantener la conexión sagrada. Las aguas estancadas no llegan al mar. Sin embargo, el movimiento equivocado rompe la conexión. Mientras luchen con las piedras como forma de superarlas, tardarán en conocer el océano. Al igual que las aguas, la fe debe ser tranquila. Cuando es exaltada, se desliza hacia el fanatismo. El origen de todas las dificultades reside en nuestros propios malentendidos. Los desequilibrios emocionales roban la claridad de la mirada, reduciendo las posibilidades de elección. Los movimientos se vuelven bruscos, las fricciones se convierten en una constante. Perdimos la conexión con la esencia y con lo sagrado; con el alma y con lo Alto. Desperdiciamos oportunidades por el simple hecho de no verlas». Pregunté cómo revertir el proceso. Explicó: «<strong>Nada mejor que la mansedumbre para deshacer la dureza&nbsp;</strong>de la intolerancia, la aspereza de la arrogancia, el laberinto del egoísmo, la furia de la codicia, los abismos de la vanidad, entre otras sombras personales, las enormes montañas que nos impiden ver con claridad las maravillas de la vida que existen dentro y fuera de nosotros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pedí al chamán que me explicara qué era la mansedumbre. Necesitaba entender tanto poder. Era un hombre amable: “De manera equivocada, muchos confunden la mansedumbre con la pasividad, la cobardía o la anulación de la voluntad y los objetivos. No es nada de eso. Se trata de un estilo de ser y vivir solo posible para una conciencia capaz de adoptar un método mejorado de desplazamiento entre dificultades y problemas. Adopta un criterio en el que abdica de toda forma de violencia o maldad como vía de acceso a los logros personales. Para ello, requiere el uso constante de virtudes de valor extremo como la resiliencia y la abnegación. La resiliencia es la capacidad de adaptarse a situaciones que no se pueden cambiar. No me refiero a distorsionar la identidad, sino a refinar. Hablo de sacar a relucir virtudes desconocidas, lapir verdades para adquirir mayor claridad en la mirada, ir más allá de donde siempre ha estado dentro y fuera de sí mismo. Mejorar la inteligencia, despertar la voluntad de crecer y utilizar la creatividad para reinventarse y, así, encontrar soluciones inusuales. La vida requiere movimiento. La resiliencia ofrece los remos perfectos para navegar en este gran río, del que no tenemos control sobre sus aguas. La resiliencia no lucha contra las aguas, sino que enseña a fluir a través de ellas. Para ello, requiere humildad y sencillez para que haya gusto y espacio para las transformaciones internas necesarias». Hizo una breve pausa antes de continuar: “A su vez, la abnegación es el trueque de los sabios. Se trata del intercambio improbable e incomprendido por las multitudes. Para cruzar en barco el río de la vida, teniendo que valerse solo de un bien, el tonto elige llevar un cofre de piedras preciosas, mientras que el sabio se dará por satisfecho de llevar consigo un remo de madera simple y barato. El valor no está en el precio, en el título o en la rareza, sino en la utilidad». Luego, concluyó el razonamiento: «Cuando en conflicto, la renuncia a las riquezas del mundo en favor de los valores del espíritu otorga equilibrio y fuerza al barquero para una navegación fluida y serena».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Argumenté que el río de la vida no siempre nos proporciona aguas tranquilas para navegar. El chamán frunció las cejas y reflexionó: “Todos los conflictos tienen como origen los malentendidos internos y el desajuste en cuanto al auténtico significado de la vida. No es la gravedad del problema lo que determina el tamaño del sufrimiento. Incluso porque la gravedad y el sufrimiento son elementos subjetivos que dependen de la percepción y sensibilidad individuales. La lectura que hagamos de la situación y la elección de cómo reaccionaremos determinará la desesperación y la agonía típicas de los malentendidos o el equilibrio y la fuerza de movimiento necesarios para la superación. Aunque muchos se niegan a aceptar victorias o derrotas, avances o estancamientos, se derivan de la forma en que elaboramos cada experiencia vivida. Para algunos, las aguas tranquilas conducen al comodismo; para otros, las aguas turbulentas permiten trayectorias increíbles e impensadas. Por lo tanto, no se asuste ni lamente las condiciones del río, cuide de mejorar su navegación». Dio una hermosa sonrisa y dijo: «El problema no es el problema en sí, sino la incomprensión sobre la mejor manera de reaccionar al problema». Pregunté cuál sería la mejor reacción. El anciano respondió de inmediato: «<strong>En todas partes, el manso vence al bruto</strong>«. No estoy de acuerdo. Dije que no siempre sucedió así. En varias ocasiones, he visto a individuos agresivos someter a personas pacíficas, a los pícaros aprovecharse indebidamente de los sujetos correctos. Me corrigió: “Hicieron valer sus oscuros intereses de orgullo y codicia, pero no los vencieron. No te dejes engañar por las apariencias. La conquista mayor y definitiva será siempre de carácter espiritual y evolutivo. No hay riqueza fuera de la luz. Aunque quedan pérdidas materiales, hay valores más altos presentes en todas las situaciones. Las victorias genuinas se caracterizan por logros inmateriales como la dignidad, el amor, la libertad, la paz y la felicidad. La práctica del mal nunca concederá ninguna de ellas”. Arqueó los labios en una sonrisa y murmuró un pasaje de un texto sagrado: «<em>Bienaventurados los mansos, heredarán la Tierra</em>«. Miró por un momento a la otra orilla del río Colorado y comentó: «Así como el manso vence al bruto,&nbsp;<strong>el frágil supera al fuerte</strong>«. Pregunté cómo sería posible. Él explicó: “En el entendimiento del mundo, la pureza es sinónimo de fragilidad. Tratan a las personas puras como si fueran frágiles e inabeles a las truculencias, astucias y maldades comunes a las relaciones. La impetuosidad se toma como un signo de fuerza, capacidad y aptitud. Ledo error. También confunden la pureza con la ingenuidad, que es el desconocimiento del mal. Otro error común. En verdad, la pureza registra el alto nivel de conciencia de aquellos que se niegan a utilizar el mal como medio para alcanzar los objetivos deseados, incluso con él a su disposición. Algo imposible para los débiles y cobardes, que, en busca de facilidades o ante las adversidades, recurren a trucos sucios o a la aspereza salvaje. Para ser manso y puro hay que tener coraje, firmeza y amor propio. Un acto de profundo respeto por la propia luz.<strong>Muchos conocen&nbsp;</strong>el poder y la fuerza,&nbsp;<strong>pocos conocen&nbsp;</strong>sus verdaderos significados, itinerarios y alcances. La pureza es una base inseparable de la mansedumbre. La pureza estructura, da equilibrio y otorga fuerza de movimiento a la mansedumbre». Volvió a sonreír y citó otro fragmento del mismo texto sagrado: «<em>Bienaventurados los puros, conocerán el rostro de Dios</em>«. Luego continuó: «Moverse con pureza y mansedumbre demuestra la destreza del barquero en la travesía segura hasta la otra orilla del río de la vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería saber cómo hacer para poseer tal destreza. El anciano fue enigmático: «<strong>Un viejo sabio enseñó que quien se niega a caminar sobre el barro del reino no está preparado para gobernar</strong>«. Dije que no lo había entendido. Explicó: “Hablo de responsabilidad. Cada persona se tiene a sí misma para gobernar. No es poco. Sin embargo, muchos creen que sí. No les importa ganar el mundo a costa de perder el alma. Algunos extrapolan al controlar la voluntad de los demás. Otros se complacen con la falsa sensación de superioridad, dando rienda suelta al orgullo y la vanidad, con el disfrute de la soberbia y la prepotencia. Tienen la codicia y el egoísmo como guión, celebran la venganza y el fracaso de los oponentes como si fueran victorias personales. Mienten y traicionan. Solo aman a quien los ama. Tratan la solidaridad como mercancía de intercambio. La compasión y el perdón son atributos de los débiles. Se valen de posibles relaciones de poder para dominar y humillar. Justifican los errores y niegan la responsabilidad. A veces se lamentan abandonados, a veces se creen privilegiados por el Creador, sin entender que cualquier dificultad o facilidad no es más que escuela y taller. Sirven para mejorar el espíritu en el fuego de las pasiones, sin dejarse quemar por los excesos ni arder por las faltas. Todo problema registra una experiencia existencial y evolutiva. Nada más. No todos entienden, pocos lo aprovechan. Son como ríos que se han perdido del mar”. Dejó que sus ojos vagaran por las aguas y continuó con la enseñanza del antiguo sabio: “Solo&nbsp;<strong>quien toma para sí las fechorías del imperio,&nbsp;</strong>con la firme determinación de corregirlas,&nbsp;<strong>se convierte en rey</strong>. Hablaba de la madurez indispensable para la reconstrucción de lo que somos. Nada nos molesta tanto como la verdad que nos negamos a aceptar. Escondemos errores y dificultades en las trampas de los razonamientos tortuosos. Un guerrero es tan fuerte como el conocimiento que tiene sobre sus propias debilidades. El tamaño de nuestra fragilidad es proporcional a los malentendidos que tenemos sobre quiénes somos. El poder de los obstáculos aumenta con nuestra insistencia en destruirlos. Cambia la forma en que los observas y reaccionas. Trátelos como maestros que han venido a enseñar lo que aún no conoce en sí mismo. Los problemas existen para ampliar las posibilidades. Para abrir puertas, nunca cerrar. No huyas, enfréntate. Pero fluye en lugar de entrar en conflicto. No rechaces nada mal construido en ti mismo, sino acepta el reto de reconstruirte bajo fundamentos diferentes y mejores. No hay mayor poder».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté si la verdad estaba al revés de la realidad. El anciano sonrió satisfecho, asintió con la cabeza y terminó la lección: “Los conceptos y entendimientos generales por los que se guía el mundo suelen ir en contra del flujo del río de la vida. Nunca te dejes llevar por la apariencia, la verdad reside en la esencia. En los frágiles encontramos a los fuertes, entre los inebiles se esconden los sabios, los mansos tienen el coraje, los pequeños son los grandes.&nbsp;<strong>La verdad se presenta en las paradojas</strong>. Menos es más. Menos brillo, más luz”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una majestuosa luna creciente apareció detrás de los desfiladeros del Gran Cañón. Una mujer con ojos color miel y modales delicados vino a advertir que el ceremonial no tardaría mucho. Tenía ganas de participar, pero el chamán me dijo que tenía que irme. Otros portales se abrirían durante el ritual, no habiendo ninguno que me sirviera en ese momento. Necesitaba terminar lo que había empezado. Dijo que mi viaje por el inconsciente colectivo para conocer el Tao Te Ching estaba a punto de terminar. Debería honrar la oportunidad que se me ofreció. Pregunté por dónde saldría. El anciano me mostró una canoa en la orilla del río. Agradecí la conversación y me embarqué. Remé hasta que el cielo estaba cubierto por un fantástico manto de estrellas, enormes y luminosas como nunca había visto. Cuando me di cuenta, me di cuenta de que formaban un increíble mandala celestial. El río parecía avanzar hacia el cielo. Poco después, la canoa atravesó el portal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Ocho</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nada más tranquilo y acogedor que las aguas de un río.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nada mejor que la mansedumbre para deshacer la aspereza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bajo el cielo, el manso vence al bruto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El frágil supera al fuerte.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Todos lo saben, pocos lo saben.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un viejo sabio enseñó:</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Quien se niega a caminar sobre el barro del reino</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>No está preparado para gobernar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Quien toma para sí los males del imperio,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Se convierte en rey”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La verdad se presenta en las paradojas.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>La paz desconocida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2026 11:34:29 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la paz me abandona, Sedona es uno de los refugios a los que recurro, una auténtica trinchera existencial donde puedo restablecerme a salvo antes de volver al combate. No se trata de estar en guerra contra nadie, una mirada equivocada e ingenua sobre cualquier tipo de relación con el mundo. Me refiero a la lucha interna para llegar a donde nunca he estado dentro de mí. Todo lo que me irrita o me entristece necesita una mejor comprensión y la consiguiente transformación. Para ir más allá de lo que soy, necesito conquistar cada palmo de quien no conozco en mí. Como decía un antiguo sabio, no hay adversarios más rechos que nuestros adorables demonios internos. Adorables porque tenemos una enorme pasión y admiración por algunos de ellos. No es raro que confundamos orgullo y empatía con dignidad y respeto; sin conocer los límites exactos entre respeto y generosidad, mezclamos tolerancia con permisividad; mezclamos en un mismo paquete conceptos dispares como vanidad y amor propio. Perdimos el enfoque de las mejoras necesarias para la evolución. Si somos honestos, todavía encontraremos restos de placer en las veces que nos sentimos más grandes o mejores que alguien. Vivimos días confusos por no poder identificar los sentimientos exactos que dan forma a nuestras percepciones. No nos conocemos. No hay mejor escenario para que nuestros demonios personales sigan reinando. Sí, son demonios por aprisionarnos en vicios conductuales &#8211; nuestras sombras &#8211; que tanto nos desequilibran y nos alejan de la paz, tan necesaria y valiosa. Cabe destacar, para no dejar ninguna duda, que estos demonios a los que me refiero son partes inseparables de quiénes somos. Nadie los puso dentro de nosotros contra nuestra voluntad. Siempre nos han pertenecido. Acéptalos sin revueltas ni mentiras. Cuando los negamos, se sueltan entre ideas y sentimientos, adquiriendo mayor autonomía para dominarnos. En un intento ingenuo de simplemente alejarlos, nos engañan. Solo fingen que lo fueron, cuando en realidad permanecen ocultos o disfrazados. Por creer que ya no nos habitan, nos volvemos desavigilantes y les permitimos un enorme poder de influencia sobre nuestras comprensiones y elecciones. La más cruel de las cárceles es aquella en la que no podemos ver las rejas. Como marionetas, somos manipuladas sin el menor control sobre sus propios movimientos. Para liberarse de este yugo es necesario transmutar sombras en luz, demonios en ángeles, para que no haya margen para falsos avances. Aquí está el buen, difícil y hermoso combate. Se necesita cierto nivel de paz para librar esta lucha. La falta de serenidad impide la claridad necesaria para entender y realizar los movimientos internos correctos, sin los cuales los desplazamientos externos quedarán vacíos. Una paz continua y creciente será el premio inconmensurable de la victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Canción Estrellada, el chamán cuyo don es perpetuar la filosofía ancestral de su pueblo, me esperaba en el balcón, sentado en su mecedora. Me recibió con una sonrisa sincera y un fuerte abrazo. Me acomodé en el sofá. Mientras llenaba el fornilho de piedra roja de su indefectible pipa, preguntó qué me arrancaba de mi eje de luz y añadió: «Cuando sucede, la paz es la primera pérdida que se siente». Hacía algún tiempo, comenté, que la relación con el principal autor de la editorial iba de mal en peor. Era el autor más importante en ventas. Sus libros se han convertido en bestsellers internacionales, siendo los valores ganados muy importantes para la contabilidad de la empresa. Sin embargo, no siempre fue así. Cuando lo descubrimos, había sido rechazado por muchas otras editoriales. Nadie se interesó en publicarlo. Encontramos en sus textos un diamante aún no tallado. Había un tesoro escondido bajo mucha tierra. Se necesitó un trabajo editorial enorme e invisible. No solo de revisión gramatical y ortográfica, sino en la reescritura de párrafos enteros para que la lectura sea más agradable, con el cuidado de no alterar el estilo singular del autor. Fue necesario suprimir pasajes que no añadían nada, así como pedir al autor que añadiera otros tantos en la exigencia de explicar mejor algunas escenas y diálogos. Después de cuidar el contenido, hicimos un trabajo exquisito de artes gráficas con la participación incansable de ilustradores y diagramadores. El resultado fue una obra fabulosa que merecidamente encantó a los lectores. Al principio, hubo una agradable luna de miel entre el autor y la editorial. Con el paso del tiempo, el autor fue depreciando el esfuerzo y el cariño de la editorial hasta que la relación se volvió muy desagradable. Sus demandas eran cada vez mayores y, algunas rozaban la locura. Nunca se dio por satisfecho. Como el contrato estaba a punto de vencer, había una amenaza velada por su parte de que nos pretería para firmar con otra editorial más grande. Como los beneficios obtenidos de sus libros eran muy importantes para varios compromisos financieros asumidos, aunque a regañadientes, la editorial terminó cediendo a las exigencias del escritor. Con cada exigencia, el autor nos apretaba un poco más, como si probara hasta dónde llegaríamos. Habíamos llegado a nuestro límite. Dependiendo de la sinceridad de la mirada, el límite ya se había cruzado hacía algún tiempo. Sin embargo, romper con el autor, después de todo éramos una pequeña editorial, podría traernos complicaciones contables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin ninguna prisa, Canción Estrellada encendió la pipa, resopló un par de veces y luego comentó: «La semana pasada una sobrina vino a contarme una historia similar». Le pregunté si era autora o editora. El chamán negó con la cabeza y dijo: “Ni una cosa ni otra. Ella vino a hablar de su matrimonio. Aunque los aspectos aparentes son distintos, esencialmente es la misma historia de falta de límites, respeto y amor propio. Abusos, amenazas veladas y miedo. El marido se niega a admitir la importancia que ella siempre tuvo en la estructuración de la casa y la familia, lo que le permite dedicarse por completo a su carrera profesional. Ignora que el hogar bien estructurado haya sido importante para lograr puestos y salarios exponenciales en la empresa en la que trabaja desde el inicio del matrimonio. Ahora menosprecia a su esposa, comportándose como un eterno e insatisfecho acreedor que lamenta lo mucho que entrega por lo poco que recibe. Por mucho que ella le guste, él nunca está satisfecho. En el aire hay una amenaza que puede desaparecer en cualquier momento». Me pregunté por qué las relaciones llegan a este punto. Canción Estrellada explicó: «Cuando hay falta de humildad y gratitud por una parte y falta de amor propio y coraje por la otra, las relaciones se vuelven abusivas y deshonestas». Golpeó con el dedo índice el brazo de la silla para señalar: “Nadie tiene la obligación de caminar junto a nadie. Ya sea afectiva o profesionalmente. Todos pueden quedarse o irse según la conciencia los desee. Sin embargo, nunca se puede faltar al respeto para que no haya deshonestidad y abusos. Nadie debe convertirse en objeto de malos tratos o incluso de torturas emocionales inconscientes por parte de nadie». Argumenté que la dificultad financiera es un asunto serio. Asusta demasiado. Algunos pasos son muy difíciles. A menudo, quedarse o irse quedan vinculados a este tema. El chamán asintió y respondió: «Sin duda, las cuestiones de supervivencia suelen pesar mucho en la decisión. Sin embargo, la dignidad, la paz y la libertad deberían tener un peso aún mayor o incluso absoluto. Podemos ser felices con poco dinero, nunca con poca dignidad. Al dejar que la luz interior se apague, la felicidad y la paz se convierten en lugares de ficción». Sopló la pipa y amplió el razonamiento: “Las cuestiones financieras son de enorme importancia, pero no se aplican en todos los casos y no siempre son determinantes. Las dependencias emocionales son barreras aún más comunes que las económicas y los obstáculos más difíciles de atravesar. No es raro que se utilice el dinero como argumento de sujeción, cuando, en realidad, el impedimento está vinculado al miedo, a la creencia en la propia incapacidad de superar las dificultades inherentes al crecimiento personal. Como hay mucho miedo a emprender el viaje en busca de un cielo desconocido, muchos prefieren permanecer en el infierno conocido. Se acostumbraron a vivir allí. Aunque bastante desagradable, creen que no es posible tener días diferentes y mejores. Se han adaptado a los dolores emocionales como si la curación fuera imposible. Se han acostumbrado a las pésimas condiciones y a los sufrimientos que, tan antiguos, los tienen como si fueran parte de un destino inevitable. Grandes tonterías, tristes hábitos. Niegan el cielo, siempre a disposición, por someterse a las reglas del infierno. Por ser reacios a los riesgos, pierden las maravillas de la vida y desperdician las delicias de vivir. Abdican de los cambios por temor a lo desconocido. No merecerá la paz quien se niegue a la aventura de encontrarla”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estoy de acuerdo. Habló como si el entendimiento condujera a un movimiento obvio y fácil. Canción Estrellada señaló: «Obvio, sí. Fácil, nunca”. Luego aclaró: “Dice que es obvio la comprensión que salta a la vista. Tan evidente, agota todas las dudas e incertidumbres. La claridad en la mirada es indispensable para lograr tal percepción. Quien la posee tiene acceso a una verdad transformadora, siendo casi imposible retroceder desde el momento que la vislumbra en la conciencia. Esta es la fuerza incontenible que mueve los cambios angulares, en los que algo hasta entonces considerado esencial para la supervivencia, la comodidad o el placer tendrá que quedarse atrás para que sea posible alcanzar una conquista existencial aún mayor y de valor inconmensurable. La victoria sobre el miedo es fundamental para la paz. Estos movimientos se vuelven viables cuando nos damos cuenta de que lo que más temíamos perder es precisamente lo que nos roba la paz y nos impide ser libres y dignos. Hablo en relación con el respeto que cada individuo necesita tener por sí mismo, sin el cual la curación y la evolución permanecerán inaccesibles”. Sopló en el fornilo de la pipa para que el fuego no se apagara y reflexionó: “Como esa claridad no siempre está disponible, las multitudes tratan a los visionarios como si estuvieran descerebados. Del mismo modo, los atrevidos, que por hacer lo que pocos tienen el valor de hacer, son tratados como irresponsables. El poder de la verdad es revolucionario al otorgar la parte de confianza necesaria para poder ir más allá de lo que somos. La escala de prioridades cambia. Las transformaciones internas acercen una nueva forma de moverse por la vida. Un poder tan arrebatador que no permite a su portador esperar las supuestas condiciones ideales. Él las creará a cada momento a partir de ahí. En el rechazo del movimiento, quedará un sufrimiento creciente y una falta de respeto devastadora por uno mismo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resopló la pipa y advirtió: “Recuerda que nadie está obligado a cambiar para adaptarse a nuestros gustos, intereses o verdad. Todos tienen derecho a tomar sus propias decisiones, definir su propia ruta y destino. Del mismo modo, no estamos obligados a acompañar a nadie cuando los rumbos se desalinean. Las rupturas no tienen que ser bruscas ni conflictivas. Siempre que haya un equilibrio proveniente de la claridad de la mirada y los movimientos sean virtuosos, siempre cabrá la ligereza y la suavidad a los correspondientes cierres de los ciclos existenciales. Nunca dejes de hacer lo que es esencial para tu luz. Si es el caso, deje ir al otro, pero nunca se quede quieto, se sienta abandonado o permita que el comportamiento ajeno lo mantenga atrapado en sensaciones de impotencia, inseguridad o pérdida. Perdona los malentendidos, confía en ti mismo y sigue adelante. La vida tiene más que ofrecer. Hablo de los descubrimientos permitidos en los momentos en que necesitamos despertar capacidades dormidas, encontrar la paz desconocida y conquistar la autonomía de caminar con los propios pies. Solo así nos volvemos más grandes que el mayor de nuestros miedos. Los sufrimientos se amenúan por la inconsistencia y la innecesidad hasta que desaparecen”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pregunté si había tenido la misma conversación con su sobrina. Canción Estrellada dijo: “Eran palabras similares, adecuadas a una forma inadecuada de relacionarse con las propias emociones e incomprensiones. La falta de respeto y coraje para entender y aceptar lo que es mejor para uno enduma la realidad y deforma la propia identidad. La admiración es un aspecto valioso de las relaciones, pero cuando este sentimiento se desborda a la idolatría o genera dependencia, se producen abusos, subyugación y hace que el alma se enferme. Nadie pone a nadie en esta situación. Por descuido o miedo, permitimos que suceda. Las relaciones deben ser justas, amorosas y saludables. De lo contrario, sucionen en lugar de regar. La sumisión no se confunde con la humildad. Mientras que eso registra la anulación de la autonomía y la voluntad en la sumisión a absurdos desmandos, éste ilustra una fantástica resiliencia y abnegación fundamentales para el aprendizaje y la evolución. En ella prevalece la falta de respeto, mientras que en esta hay un profundo respeto por uno mismo, así como por todos los que le rodean”. Hizo una pausa antes de concluir: «Nada nos hace perder tanto como la negativa a romper con lo que nada más añade a nuestra luz».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería saber cómo aplicar esas palabras a la vida cotidiana. El chamán explicó: “La mente y el corazón se envenenan tanto en la simbiosis de desviaciones, engaños y estancamiento como se retroalimentación en un proceso continuo de vigilancia, corrección y avances. Identifique las ideas y los sentimientos utilizados en la elaboración de las experiencias vividas, como una forma de entender si no hay otros más perfeccionados para mejores soluciones y elecciones. Si hay sufrimiento, desánimo o dolor, estamos utilizando los elementos equivocados en la ecuación de la vida. Existe la necesidad de rehacer los movimientos internos. Es el comienzo de la conquista del equilibrio y la claridad de la conciencia, fundamentales para los desplazamientos externos posteriores. Tenga la ética como aliada al separar el bien del mal. Haga uso de las virtudes para no permitir que el mal se superponga al bien en las elecciones que le conciernen. Comprenda la belleza del sí y el valor del no, el momento de quedarse y la hora de partir. Sin embargo, los conceptos sin buenos sentimientos son como jardines sin flores. Sírvase del amor para que la mirada supere el lugar común, sin olvidar nunca que sin amor propio no quedará ningún amor. De lo contrario, no habrá acceso a la mejor lectura de todas las situaciones, cosas y personas. Incluso, y sobre todo, de nosotros mismos”. Hizo una pausa antes de terminar la conversación: “Quien no sea dueño de sus elecciones y reacciones, vivirá como esclavo de ellas. Aunque no lo sepa o lo admita. Mientras esté sordo a la voz del alma, permanecerá en constante desequilibrio, sin la percepción y la sensibilidad agudizadas para disfrutar de la claridad proveniente de la verdad. El acceso a todas las posibilidades de movimiento estará restringido. Desperdiciará las mejores oportunidades por el simple hecho de no verlas. La vida se amiudará”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me quedé unos días en Sedona. No hubo más palabras al respecto. Asistí a un ceremonial en la montaña. Rezamos y meditamos. Pescamos en un lago tranquilo y paseamos por el tranquilo desierto de Arizona. Fuimos a un concierto de música. Canté y bailé hasta el amanecer. Sin darme cuenta, Canción Estrellada me distanció del problema, no como un escape, sino como una forma de alejarme de ideas y emociones adictas que, basadas en experiencias anteriores, se empeñaban en reducir a un solo modelo de elaboración la solución de todas mis dificultades. Necesitaba pensar y sentir diferente. En verdad, siempre hay posibilidades irreflexivas de ver y hacer. En la dimensión exacta del coraje, el respeto y el amor que tengo por mí y por la vida. Canción Estrellada me ofreció las condiciones para crear el lugar interno donde se producirían las modificaciones. Así pude observar, comprender y afrontar el problema a través de otro sesgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al regresar a Río, la postura era otra. Traía conmigo una confianza tranquila. Había ocurrido un movimiento interno que basaba los desplazamientos externos que estaba decidido a hacer. Me sentí seguro. La vida nunca desampara a quien se mueve en busca de la luz. Invité a nuestro escritor principal a un almuerzo. Sinceramente, admití lo importante que era para la editorial. Dijo que estaría encantado de renovar su contrato. Ofrecí las mejores condiciones posibles, dentro de nuestro alcance. Fui honesto sobre los límites de la editorial. Evité abordar el increíble trabajo que habíamos hecho en sus libros. Decíale reconocer esto sin necesidad de hablar o mostrar. Si no fuera un gesto de gratitud, nunca sería de convicción. El autoelogio, además de cabotino, no me parece ético como elemento de negociación. Con delicadeza, le expliqué que cualquiera que fuera su decisión, quedaría respeto y alegría por todos los logros realizados juntos. Teníamos una hermosa historia que no se mancharía por diferencias de mirada o ganas de cambiar de aires y rumbo. Todo el mundo tiene derecho a esto, subrayé. El escritor hizo una contrapuesta de inmediato. Le expliqué que estaba siendo franco. Habíamos ofrecido las mejores condiciones que nos eran posibles. Sentí en él una irritación contenida, común a quienes se acostumbraron a no ser contradicidos. El autor comentó, sin ocultar el desdén, que yo era diferente. Aunque no era su intención, recibí esas palabras como un cumplido. Sabía lo que había cambiado. Se despidió, diciendo que llamaría en unos días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La editorial también estaba pasando por importantes cambios. Al llegar de viaje, había reunido a nuestro equipo para crear un desafío de superación. Ya no dependeríamos de ninguna obra o autor para mantenernos en el mercado. Se publicarían nuevos títulos, segmentos y talentos con nuestro inquebrantable sello de creatividad y calidad. Si lo hubiéramos hecho una vez, sabíamos que otras mil veces serían posibles. La vida nace y se renueva en la creación. La vida impulsa a quienes tienen respeto, coraje, audacia y amor propio para reconstruirse. El proceso de creación surge como efecto de la necesidad de deconstrucción de lo que nos impide seguir adelante. La semilla rompe la corteza para convertirse en un árbol porque ya no está sujeta al peso de la tierra. Lo que la oprime y aplasta acaba causando su crecimiento. Sin embargo, solo conocerá el sol cuando ya no se conforme con vivir en la oscuridad del subsuelo. Unos días después, cuando el escritor comunicó la decisión de no renovar el contrato, estábamos involucrados en tantos movimientos de creación que la noticia fue recibida con tranquilidad y sin causar ningún rasguño emocional. Se estaban creando muchas cosas maravillosas para ir a las cosas y cobrar vida. Estaba emocionado por el trabajo y feliz por el renacimiento. Estaba en paz. Solo los nuevos sentimientos dulces tienen el poder de deshacer viejos sentimientos amargos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conté el desenlace de la historia para Canción Estrellada en una noche con el cielo salpicado de estrellas. El chamán comentó: “Con mi sobrina fue un poco diferente. Fue ella quien buscó a su marido para manifestar su insatisfacción. Al principio, se sintió aliviado y se fue. Hubo momentos en que la consideró una carga en su vida. Sin saber nada sobre la verdadera estructura de la libertad, se creía libre de lanzarse al universo de las pasiones vacías de cualquier compromiso, como son todas las pasiones. Miró por un momento la luna creciente que emergía detrás de las montañas y se secretó: “El compromiso es el elemento diferencial entre la pasión y el amor. La pasión habla de quien ama los frutos de un árbol. El amor revela quién cuida el árbol”. Luego volvió a la historia de su sobrina: “Todo parecía perfecto para su ex marido hasta que surgió un gran problema en la empresa en la que trabajaba. El sector dirigido por él fue acusado de haber tomado una serie de decisiones equivocadas, generando graves pérdidas y afectando la credibilidad de la marca. Estaba implicado en una investigación administrativa de la que una de las posibles resoluciones era el despido de todos los implicados. Al hablar con su actual novia, no se mostró interesada en compartir problemas. Al igual que él, solo deseaba el lado placentero de la relación. Se desinteresó de él sin demora. Cuando miró a un lado no había nadie para cruzar la tormenta a su lado. Entonces entendió el valor inconmensurable y silencioso de la mujer que tenía. Lo que mantiene una casa en pie no es la belleza del diseño, sino la firmeza de los cimientos. Tomado por un intenso arrepentimiento, la buscó. Sin embargo, no la encontró disponible como estaba acostumbrado. Ya no era la misma mujer. Algo había cambiado sustancialmente. La ruptura del matrimonio no deformó su identidad, pero colaboró para valorarla. Hizo surgir características olvidadas, atributos reprimidos y talentos dormidos. Como era una excelente cocinera, había decidido estudiar cocina para atar el don a la técnica. Trabajaba en un restaurante muy apreciado y recibía constantes elogios. Planeaba abrir pronto un pequeño bistró. Conocí a una persona que admiraba tanto la trayectoria como su personalidad, se interesaba por sus opiniones, le gustaba su tímida sonrisa y adoraba el pastel de queso cuya receta mantenía en absoluto secreto. No había lugar para retomar la vida que había quedado atrás. Rescatar su propia dignidad. Se había liberado. Vivía una historia de amor consigo misma y con otra persona. Estaba feliz y en paz”. Arqueó los labios en una sonrisa y reforzó la idea: “La vida nace y se renueva en la creación. Somos los creadores de las criaturas que somos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenté que no había sido fácil. Había enfrentado muchas adversidades durante el proceso de renacimiento. Hubo varias dificultades y no todos los proyectos lograron el resultado esperado. Encontré en los errores a los mejores maestros. Se necesitó creatividad y disposición para superar cada obstáculo. Cambié las rutas para mantenerme en el rumbo. El chamán aclaró: “Ten por seguro que con mi sobrina no fue diferente. Así sucede en la vida de todos. Solo hay pérdidas cuando desperdiciamos las oportunidades de aprendizaje y transformación. Los tiempos difíciles son perfectos para esto. Hay días en los que nada parece funcionar, que las puertas nunca se abrirán y que terminaremos los días en un callejón sin salida. Lo que para los tontos ilustra un universo de imposibilidades, para los sabios es la forja de la vida. La paz no es del mundo, pertenece al alma. Hay que aprender a disciplinar los pensamientos y calmar los sentimientos. Quien cree en sí mismo y se mantiene en movimientos mansos, ordenados y continuos nunca será desamparado por la vida. Es el momento crucial en el que se pondrá a prueba la determinación, la creatividad estará al servicio de la regeneración para derribar las formas obsoletas de lidiar con problemas y soluciones. Nos cuesta dejar atrás lo que estamos acostumbrados a llevar. No es fácil deconstruir características personales que, a pesar de obstaculizar nuestro desarrollo, insistimos en mantener como si fueran atributos inseparables de quienes somos. Renacer requiere equilibrio y fuerza, ya que es necesario romper el propio caparazón para ir al encuentro del cielo desconocido. Una transformación muy difícil, sin embargo, indispensable. Está presente en las formas en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo. La creencia absurda en la propia incapacidad, nacida de experiencias mal elaboradas, genera la nefasta dependencia que aumenta los miedos y alimenta los sufrimientos. Entonces, en un movimiento al revés de la vida, preferimos acomodarnos en el infierno conocido, tratando de encontrar en él sabores y maravillas que nunca existieron. Hemos estado falsos argumentos para justificar nuestra falta de amor propio. Al abandonar la dignidad y renunciar a la libertad, abdicamos de la paz”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Canción Estrellada cantó una canción ancestral en su tambor de dos caras, cantada para celebrar las veces que alguien se encontraba con otro desconocido en sí mismo y, así, conocía un poco más del cielo a disposición de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo séptimo umbral &#8211; El arquero)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2026 15:21:33 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph">Japón. Siglo XII. Camino al azor por el bosque. Los pájaros no cantan ni vuelan. El viento parece dormido. Silencio. Solo escucho el sonido de mis pies sobre ramas y hojas secas. Los rayos de sol atraviesan los árboles alternando la luz y la sombra en secuencias desordenadas. La tensión del peligro inminente flota en el aire. Me siento como la presa acechada por el depredador. Me detengo y observo. Nada. Precedida por un silbido agudo, una flecha pasa cerca de mi cabeza y se clava en el árbol de delante. Miro en la dirección de donde vino, no veo a nadie. Al volver la cabeza, otra flecha descansa junto a la primera. Vuelvo a mirar hacia atrás, entonces, un susto. Un samurái empuña un arco con la flecha en mi dirección. Sus ojos permanecen atentos con la intención de anticipar mis movimientos. Muestro las manos vacías y afirmo estar en paz. El arquero sonríe, como si estuviera frente a un niño, descansa el arco y señala: «No desear la guerra no significa estar en paz». Hizo una pausa antes de añadir: «Lo opuesto a la paz no es la guerra, sino el miedo, el sufrimiento, la ignorancia, la creencia en la propia incapacidad para reconstruirse, superar obstáculos y seguir adelante». Se sentó en un enorme tronco caído, me hizo un gesto amistoso para que hiciera lo mismo y dijo: «La paz es un estado de armonía interna que ni siquiera la guerra puede destruir». Hizo una pausa antes de añadir: «Un arquero sin paz es incapaz de dar en el blanco».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era evidente que el samurái no me tenía como enemigo. Consideré que tal vez sabía que viajaba por el inconsciente colectivo para aprender sobre el Tao Te Ching y me esperaba. Sin que yo tuviera que preguntar, asintió con la cabeza y explicó: “<strong>El Tao es el arte del arquero</strong>. Vine a explicar cómo funciona”. Dije que me negaba a cazar o a usar armas. El samurái volvió a sonreír y dijo: «Nunca me prestaría a enseñar a alguien a cazar o a estimularlo a usar armas. No vine aquí para esto. Me refiero al arco y la flecha como metáfora para una mejor comprensión de los movimientos del viajero por el camino del Tao. La comprensión de la verdad y la aplicación de las virtudes como mecanismos indispensables para la evolución. De lo contrario, no se moverá de su lugar”. Dije que los samuráis eran asesinos históricos al servicio de los señores feudales. Sin alterarse, mantuvo el tono sereno de su voz y explicó: “Así como el sol brilla para los buenos y los malos, el conocimiento está disponible indiscriminadamente. No todo el mundo hace buen uso de las herramientas que aprenden a manejar. La inteligencia y la habilidad sin amor son semillas de maldad amarga y errores tristes. Confiar en la propia capacidad de renacer infinitamente en sí mismo sirve no solo para resolver problemas, superar dificultades y redefinir la realidad, sino que otorga poder para nunca temer, ceder o negociar con el mal. Un auténtico samurái sabe que al renunciar a la dignidad negará la libertad y la paz. Entonces, perderá el objetivo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pedí que me explicara mejor. El arquero fue amable: “Al contrario de lo que muchos creen, el objetivo no es un objetivo físico, material o financiero. El objetivo se presenta en el movimiento perfecto de empuñar el arco y disparar la flecha». Todavía no entendía. Aclaró: “El objetivo es el camino. El destino es consecuencia”. Frunció las cejas y dijo: “El camino consiste en el despertar o la reconstrucción de la conciencia, donde la luz habita, se intensifica y la auténtica identidad se desarrolla. En resumen, no me refiero solo al equipaje, sino a la esencia del viajero. Fuera de la conciencia todo logro es efímero, toda victoria es en vano. Mejorar la percepción y agudizar la sensibilidad para el uso de la luz al servicio del bien común registra el alto nivel de habilidad del arquero». Lo escuchaba con atención. El samurái continuó: “La conciencia es el arco. Como expresión de la última frontera de entendimiento alcanzada por la conciencia en cada momento, la verdad del arquero se revela en la elección del próximo objetivo. Las virtudes son fundamentales para el ajuste del arco, la puntería precisa y la tensión exacta de la cuerda para determinar el alcance del tiro. La flecha disparada es la acción; el bien o el mal practicado”. Luego preguntó: «¿Entiendes por qué la paz es una parte fundamental del arte del arquero?». Le dije que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El samurái explicó: «Alejado de la paz, el arquero tendrá una percepción y una sensibilidad limitadas. Los sentimientos degradados estrechan los entendimientos; los pensamientos estrechos agitan las emociones. El arquero se equivocará sobre sus intenciones y prioridades. Faltará serenidad y claridad para una mejor interpretación de los hechos y las posibilidades. No entenderá el objetivo. Las virtudes quedarán dañadas o inhibidas, impidiendo el perfecto ajuste del arco. Hay una hora de sí y un momento de no. Esto no significa que el sí y el no se excluyan mutuamente, sino que deban usarse armoniosamente para mejorar los mecanismos del arco. Contrariamente a lo que muchos creen, la alegría y la seriedad, la generosidad y el respeto, la amabilidad y la firmeza no son virtudes antagónicas, sino complementarias. La comprensión de las verdaderas intenciones y sentimientos que mueven nuestras acciones es fundamental para la comprensión del uso y los límites de cada una de las virtudes. El arco mal ajustado pondrá la flecha fuera del objetivo». Le pedí que ejemplificara. Me respondió: “La sinceridad no puede servir de excusa para ocultar el deseo de herir a otra persona. La humildad es un atributo esencial para el crecimiento, nunca siendo motivo para anular la propia personalidad, dones, talentos y capacidades. La precaución no dialoga con la usura ni con el egoísmo. La sensatez no se aconseja con el miedo. El coraje no se alia a la violencia. La compasión no puede convertirse en drama, ni contribuir a ningún sufrimiento. La delicadeza, la misericordia y la sencillez no pueden dar lugar a la falta de límites a las relaciones. La caridad no puede estar al servicio del orgullo o de la vanidad. Sin el debido equilibrio emocional, la claridad y la sensatez se ven perjudicadas. La paz desaparece, llevándose la nitidez necesaria para comprender el objetivo. No hay manera de hacer el ajuste correcto del arco”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ruiseñor aterricó en un árbol, haciendo sonreír a los ojos del samurái. Continuó la explicación sobre el funcionamiento de las virtudes: “Todo amor es bueno, pero no siempre sabemos amar bien. Debemos ayudar a quien quiera levantarse, sin embargo, si insistimos en llevarlo en la espalda, estimularemos en él la debilidad, la pereza, la comodidad y la incapacidad de caminar con sus propios pies. Aunque movido por los sentimientos más puros, no habrá ayuda si no conocemos el límite exacto de cada virtud. La voluntad de ayudar no puede superar la voluntad del ayudado de rescatar su propia autonomía. Cuando no comprende el objetivo, el arquero pierde la capacidad de ajustar el alcance y la puntería del arco». Me analizó por un momento para saber si podía seguir el razonamiento y continuó: “Para desarrollar su arte, necesitará sacar a la luz virtudes despreciadas por los señores del mundo, como la humildad, la sencillez y la compasión. En un movimiento complementario al anterior, tendrá que despojarse de atributos valorados por ellos, como el orgullo, la vanidad y el egoísmo.<strong>&nbsp;Para disparar hacia arriba,&nbsp;</strong>el arquero&nbsp;<strong>suspende la parte inferior&nbsp;</strong>del arco<strong>.</strong>&nbsp;Del mismo modo,&nbsp;<strong>para apuntar hacia abajo,&nbsp;baja la parte superior&nbsp;</strong>del arco». Hizo dichos movimientos con el arco para que pudiera visualizar sus palabras, facilitando mi comprensión. Luego, continuó: “Es necesario invertir valores y prioridades al entender que el objetivo nunca ha estado donde siempre hemos creído. Es indispensable dejar de ser para convertirse. No se trata solo de agregar virtudes, sino de hacer que surjan de la transformación de los vicios conductuales que ya no queremos en nuestra forma de ser y vivir. La luz necesita nacer de las sombras para extinguirlas definitivamente”. Hizo una pausa antes de enfatizar: “Entiende el objetivo. Si solo miras hacia afuera no entenderás el poder interior. Si solo vives lo que existe dentro, nada aprenderás de las experiencias cotidianas, auténticas fuentes de amor y sabiduría. El arte permanecerá incompleto”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pedí que hablara más sobre el arte del arquero. El samurái volvió a sonreír con los ojos, satisfecho por mi interés en sus palabras, y dijo: “No toda calma significa paz, no toda sonrisa es de alegría, no todo abrazo es bienvenida, no toda mano extendida es ayuda, no todo elogio es sincero, no toda crítica es justa, no toda palabra sirve para iluminar, no todo elixir cura, no todo beso es de amor. Esta comprensión es fundamental para el ajuste del arco. Sin embargo, ¿cómo ajustar el arco si no entiendo el objetivo? ¿Dónde está? ¿A qué distancia? ¿Con qué intensidad debo disparar la flecha? No creas que estas preguntas estimulan la incredulidad o el demérito a las virtudes y a los buenos sentimientos. Existen y son esenciales para la vida. Sin embargo, sin conocer la verdad nos convertimos en presa fácil para los malvados arqueros. No es raro, somos estos”. Volvió a hacer una pausa, esta vez para resaltar las siguientes palabras: “Al apuntar al objetivo, la flecha siempre vuelve al arquero. Inevitablemente. He aquí la verdad irretocable”. Luego, aclaró: “Ajustamos el arco a medida que entendemos el objetivo. Para ello, necesitamos hacer las preguntas correctas: ¿podría haberlo hecho diferente y mejor? ¿Qué hay en mí descuidado y mal amado? ¿Qué me agobia, me aprisiona y me rompe? Es necesario&nbsp;<strong>apretar lo que está suelto, aflojar lo que está apretado</strong>. Para ajustar el arco se necesita coraje, sinceridad, disposición y amor propio. Aceptar las respuestas y asumir el compromiso ante uno mismo de usarlas en la propia superación, casi nunca es fácil. No siempre escuchamos palabras que agradan al orgullo y la vanidad, cuyos rasgos, en mayor o menor grado, todos todavía llevan consigo. Cuando no entendemos el poder de los compromisos, el objetivo se nos escapa».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El samurái frunció las cejas y señaló: “Los compromisos son elecciones. Un error común, tonto y vulgar es creer que la libertad y el amor se vuelven más fáciles con la ausencia de compromiso. Podemos amar a todos sin compromiso ni preocupación por nadie. Viviremos amores de superficie, desprovistos de sustancia. Todo el mundo tiene derecho a ello. Sin embargo, es precisamente el compromiso y la dedicación a los demás lo que otorga capas de amplitud &#8211; amar más &#8211; y profundidad &#8211; amar mejor &#8211; al amor. Sin compromiso solo conoceremos el vacío del amor vago. Depende de cada uno elegir el tipo de amor que desea para sí mismo”. Dejó que su mirada vagara por el bosque por un momento y continuó: “No es diferente con la libertad. Cuantos más pequeños sean los compromisos asumidos, más libre seré para dedicarme solo a mis intereses. Nada más ingenuo que razonar así. La libertad no es deambular despreocupadamente por el mundo. Sin embargo, viajar por los días, disfrutar de las maravillas de la vida sin descuidar ajustar el arco y entender el objetivo. Imposible lograr tal intento sin amar más y mejor. No hay manera de pensar en la libertad sin traer hacia ti el cuidado de ti mismo y la preocupación por los demás. No hay manera de ser libre sin perdonar; no hay perdón sin amor. La libertad es vivir en el límite extremo de la verdad alcanzada por la conciencia. Si la verdad se expande al paso de la percepción y la sensibilidad, los pilares de la conciencia, solo a través del amor podrás superar las fronteras de ti mismo para conocer la libertad genuina. Todo lo demás son placeres estancos y deseos sin salida.<strong>&nbsp;En el Tao nada falta ni excede</strong>. El amor que falta registra el amor que el propio corazón se niega a aceptar u ofrecer. Nadie puede entregar a nadie lo que corresponde a cada uno conquistar. El amor que asfixia ilustra la ausencia de responsabilidad por uno mismo. El amor que aprisiona, ya sabes, no es amor. La libertad que falta es la ausencia de dedicación y compromiso en el ajuste del arco. La libertad que extrapola la irresponsabilidad y la subyugación traduce la incapacidad de ver el objetivo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté cuáles eran las mayores dificultades para mejorar el arquero. El samurái respondió: “<strong>En el camino del mundo, la práctica es otra</strong>, los conceptos y valores son diferentes<strong>.</strong>&nbsp;La creencia de que el poder consiste en tomar, poseer y dominar en lugar de ofrecer, compartir y amar hace perder el objetivo. Nada lo alejará más de la verdad.&nbsp;<strong>Exigimos mucho, ofrecemos poco</strong>. Retenemos en lugar de soltar, guardamos hasta cuando no necesitamos. Hablo de dinero, orgullo, dolor y vanidad.<strong>&nbsp;Aflojamos hasta perder, apretamos hasta romper.</strong>&nbsp;Hablo de paz, dignidad, amor y libertad”. Cerró los ojos como si recordara un tiempo lejano y reflexionó: “Muchos creen que sus vicios y engaños son estructurales en la composición de sus propias identidades. Si renunciaran a la arrogancia, la usura, la empatía, los placeres superficiales y los intereses mezquinos, ya no se reconocerían. Dicen que quieren cambiar, pero se niegan a dejar de ser quienes son, cambiar valores y cambiar prioridades. En el camino del tiempo, los avances no se miden por días y siglos, sino por ciclos evolutivos completados. La verdadera fortuna no se calcula por los bienes materiales apilados, sino por todo amor disponible. Pocos entienden el objetivo”. Pregunté si los objetivos principales eran inmateriales. El samurái respondió la pregunta: «¿Cuáles caben en el equipaje del viajero?». No tuve que responder. Arqueó los labios en una sonrisa y dijo: “Solo así empezamos a entender a los objetivos. No hay forma de comprender el viaje del Tao sin dimensionar la paz, la dignidad y la libertad contenida en la abnegación. Esta poderosa virtud habla de, cuando en conflicto, dejar ir los bienes del mundo para proteger la luz de la conciencia. No habla de miedo, cobardía o huida, sino de coraje, sensatez y camino. No se trata de pérdidas, fracasos o derrotas, pero se trata de ganancias, logros y victorias. Son valores difíciles de aceptar para quienes confunden riqueza con prosperidad, acumulación de bienes con bienes más allá de la tumba.<strong>&nbsp;Por lo tanto, el sabio actúa sin apoderarse</strong>. Él sabe que vale la pena el amor involucrado, el bien practicado y la luz que mantuvo encendida. Todo lo que más es menos.<strong>&nbsp;Ofrece&nbsp;</strong>lo mejor de usted&nbsp;<strong>sin exigir&nbsp;</strong>nada a cambio. El amor no es un mostrador de negocios, sino jardines sementados en desiertos lejanos a los ojos del mundo.<strong>&nbsp;Ayuda sin dominar</strong>, porque la luz siempre trabaja a favor de la libertad, nunca para levantar cárceles. El verdadero bien es acción silenciosa, sin alboroto ni imposiciones. Se alegra cuando otros viajeros se alimentan de los frutos del árbol que ha plantado. Sin importarle los pedestales del reconocimiento y la fama, simplemente&nbsp;<strong>hazlo y sigue adelante</strong>. Todo sabio es un buen arquero. Conoce el objetivo y ya tiene el arco bien ajustado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estuvimos unos minutos sin decir una palabra. Necesitaba asignar esas ideas a la mente y al corazón. Sería importante reelaborar viejas experiencias así como para entender las que aún viviría. El samurái advirtió que era hora de partir. Dije que no sabía cómo salir del bosque. Sacó una flecha de la carcaja que llevaba la reta, armó el arco y disparó por una nesga del bosque hacia el sol que, al ser golpeado por la flecha, se deshizo en mil fragmentos como un mandala de fuego. Una imagen mística del amor y la luz que se dividen para multiplicarse. Agradecí la conversación y crucé el portal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Siete</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tao es como un arquero.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para disparar hacia arriba,&nbsp;suspende la parte inferior;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para mirar hacia abajo, baja la parte superior.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aprieta lo que está suelto,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Afloja lo que está apretado.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el Tao, nada falta ni excede.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el camino del mundo, la práctica es otra.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Exigimos mucho, ofrecemos poco.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Aflojamos hasta perder; aprietamos hasta romper.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por lo tanto, el sabio actúa sin apoderarse,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ofrece sin exigir, ayuda sin dominar,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hazlo y sigue adelante.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo sexto umbral &#8211; El antídoto del caos)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Aug 2026 16:17:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Hipona, África romana. Años 400. Algunos hombres y mujeres trabajaban en el mantenimiento de una agradable residencia en las afueras de la ciudad. Envueltas en hiedras, cuidadosamente podadas, las paredes verdes daban una encantadora frescura a la casa. Árboles frondosos y frutales esparcidos por los alrededores hacían que el lugar fuera muy acogedor. Uno de los trabajadores me informó que se trataba del refugio episcopal, donde al obispo le gustaba recogerse para pensar y escribir, lejos del bullicio y las intrigas de la ciudad. Era una persona culta y amable, educada en buenas escuelas por los mejores profesores de Roma y Cartago. Tenía una vida de placeres y agitaciones típica de las clases adineradas. Lo tenía todo, pero nada era suficiente para él. Hasta que se decidió por el camino de la fe para alcanzar la alegría serena de la paz y la dignidad que tanto deseaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, se deshizo de todo el patrimonio y se convirtió. Pregunté si había logrado el objetivo. El trabajador respondió que el obispo parecía un hombre tranquilo, justo y feliz. Se conformaba con poco, no le faltaba nada. Era querido y respetado por todos con los que vivía. Le dije que me gustaría conocerlo y hablar con él. «Podemos hacerlo ahora», me sorprendió una voz alegre detrás de mí. El obispo regresaba de un paseo solitario por la arboleda. Me ofreció una sincera sonrisa de bienvenida y me invitó a acompañarlo. Nos sentamos en el agradable balcón de la residencia. Una bandeja con una jarra de refresco y vasos se colocó sobre la mesa. Comencé la conversación comentando la fascinación que había en mí por las historias de transformaciones angulares de hombres y mujeres que cambiaron el curso de sus vidas al tomar decisiones de las que pocas personas demostraron ser capaces. El obispo frunció las cejas y explicó: “La redención es una parte esencial del viaje evolutivo. Un proceso difícil, por todas las rupturas necesarias, pero hermoso por los logros que se se suporen. La redención es el proceso de liberación a través de la regeneración, el renacimiento o la reconstrucción en sí mismo, a través de nuevos fundamentos. Al remodelar el pensamiento y el sentimiento, el individuo se permite una forma diferente de ser y vivir. Cuando lo que somos ya no responde, entrega o conduce a ninguna respuesta, alegría o lugar, evidencia que el modelo de comportamiento utilizado ya no funciona. Es hora de reinventarse. Así le pasa a todos. Muchos no se dan cuenta de las cárceles que habitan. Vivirán cautivos mientras se nieguen a romper con los patrones ineficaces por los que interpretan la vida e intentan moverse por el mundo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bebió un sorbo del refresco. Esperó que yo también bebiera. Estaba delicioso. Pregunté si la libertad ofrecida por la redención requería medidas tan extremas como las practicadas por él. El obispo respondió que no con la cabeza y ratificó: “De ninguna manera. El desapego no habla de lo que dejamos ir, sino de las prioridades que debemos mantener. Cada historia es única, cada camino es singular. No hay dos iguales. Sin embargo, como en cualquier transformación, una vida de &nbsp;prácticas y hábitos tendrá que quedarse atrás. Casi nunca es fácil. Aunque existe el sincero deseo de cambio, tenemos una enorme dificultad para cambiar quiénes somos. Pasamos mucho tiempo esperando que el mundo se adapte o cumpla nuestros deseos, hasta el día en que adquirimos la conciencia sobre dónde gira el eje que mueve la felicidad y la paz. La vida no se modifica para complacer el paladar de nadie. Depende de cada uno encontrar la verdadera dulzura de la vida. Es imposible caminar sin transformarse infinitas veces. Un desnudo continuo para que la esencia pueda emerger poco a poco. El mundo sigue siendo el mismo. Sin embargo, comenzamos a movernos por la vida a través de un sesgo diferente. La resiliencia es el resorte maestro de este engranaje evolutivo”. Interrumpí para decir que no había entendido. Explicó: “Cuando no podemos cambiar una situación, queda el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. Esto no significa dejarse corromper o deformar, sino vislumbrar y moldearse a una nueva realidad desde una mirada más perfeccionada».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuestioné por qué la resiliencia es la virtud preponderante a las transformaciones personales. El obispo observó: “La resiliencia no solo lo capacita para los cambios internos, sino que lo perfecciona para la vida y le permite continuar el viaje en condiciones aún mejores. Imagine a un viajero cuyo camino lo deja al borde de un acantilado. Puede sentarse y llorar, lamentando la mala suerte o considerarse abandonado por Dios. Pasará el resto de la existencia maldiciendo el precipicio, culpándolo de su infelicidad. También puede aprender a escalar, construir puentes o buscar otro camino. No es fácil, sin embargo, siempre es posible. Al hacerlo, seguirá adelante. Lo más interesante es que llevará consigo, de ahí en adelante, el poder de no temer ni asustarse con los abismos, porque aprendió a lidiar con la situación y a confiar en su capacidad para superar las adversidades. Si toma esta idea como una ecuación para todos sus problemas, comprenderá el método pedagógico de la vida de utilizar las dificultades en pro de la mejora individual. La superación del obstáculo proporciona equilibrio y fuerza al siguiente movimiento. Así, paso a paso, adquirimos serenidad y determinación en nuestros desplazamientos. La paz no se instala en la ausencia de problemas, sino en la capacidad de mantener la tranquilidad para encontrar caminos frente a los abismos existenciales».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bebió un poco más del refresco antes de hacer una interpretación interesante: “En el Libro de Lucas, Jesús enseña:&nbsp;<em>todo aquel que no reciba el reino de Dios como un niño pequeño, no entrará en él</em>. Muchos interpretan estas palabras como si los niños sirvieran de analogía a la pureza. Ocurre que estos pequeños, en verdad, no son puros, pero ingenuos, porque a una edad temprana desconocen los meandros diferenciadores entre el bien y el mal. La pureza es una virtud de alto grado conscienciente, solo posible para los individuos que ya conocen las exactas dicotomías entre luz y sombras. Estos, teniendo el mal a disposición para alcanzar sus intenciones, abdican de él para usar solo el bien como instrumento de sus conquistas”. Hizo una pausa y continuó: “Por esta razón, entiendo que el maestro estaba hablando de resiliencia.<strong>&nbsp;Las personas, al igual que las plantas, nacen delicadas y flexibles</strong>, predispuestas a crecer y adaptarse a la vida. Nunca es la vida la que se adapta a los seres. Cuando una forma de ser y vivir, pensar y sentir, ya no ofrece respuestas y soluciones, demuestra la ineficacia para llevarlo adelante. Aunque lo trajo hasta aquí, sus engranajes se endurecieron y se odujaron. Ya no funcionan. En la demanda de la evolución, la vida nos ofrece la regeneración. Renacer en uno mismo se traduce en la capacidad de recrearse, reinterpretando la realidad bajo nuevas verdades y remodelando los movimientos a través de diferentes fundamentos. Nadie consigue tal adaptación sin la debida fluidez para adaptarse a una mirada diferente. Los objetos sólidos no caben en muchos lugares; los fluidos tienen la capacidad de adaptarse a cualquier recipiente. En este caso, el contenedor es la nueva realidad rediseñada por una mirada más clara y aguda. Allí vivirá las siguientes experiencias hasta &nbsp;que se presente una verdad diferente. Sin resiliencia, el individuo renunciará a vivir otra realidad. No le quedará bien”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Golpeó la mesa con el dedo para resaltar las siguientes palabras y puntuó: “Solo los movimientos internos audaces, y nunca tentados, darán apoyo a los desplazamientos creativos e inusuales a través de los días. Así nos reinventamos. No se trata de perder la esencia misma, sino de valorarla. Para eso sirven los problemas y las dificultades. Negarse a la transformación es renunciar a la evolución. La inflexibilidad equivale a rechazar el desafío del cambio y la superación personal. Esta es la auténtica cronología del envejecimiento. Incluso antes de morir, personas de todas las edades&nbsp;<strong>mueren</strong>&nbsp;<strong>rígidas y secas&nbsp;</strong>dentro de sus laberintos existenciales por negarse a cambiar. Se niegan a ir más allá de lo que son.<strong>&nbsp;La resiliencia y la determinación son amigos de la vida. El rigor y el endurecimiento son aliados de la muerte</strong>”. Interrumpí para preguntarme si la determinación y el rigor no se confunden. Fue enfático: “No. La determinación dialoga con lo nuevo y con las diferencias. El rigor se cierra en la intolerancia y el estancamiento. La determinación es dinámica. El rigor es estático”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El obispo abordó otro aspecto interesante de la resiliencia: “Se trata de una virtud afinada al amor y al perdón. Todos somos falibles, imperfectos y cometemos errores. Sin excepción. ¿Cómo amaremos y perdonaremos, virtudes fundamentales a la libertad, la paz y la felicidad, si somos inflexibles ante los malentendidos de los demás? ¿Con qué legitimidad podemos desear el amor y el perdón de las personas mientras el rigor dicete el patrón de nuestro comportamiento? Exigir a alguien lo que no tenemos para ofrecer es el origen de casi todos los conflictos. Nos arreamos acreedores de bienes que nunca tuvimos, ni entregamos. Así germinan las malas hierbas del orgullo, la vanidad, la codicia y el egoísmo en el corazón de las personas, dejándolas refractarias al amor y al perdón. Creen que la soberbia es honor, la arrogancia es fuerza y el rigor es justicia. Las armas de los tontos. Un ejército inflado en ilusiones.<strong>&nbsp;El poder de las armas conduce a la derrota</strong>. Los objetivos gigantes son más fáciles de acertar. Se sienten poderosos por sus aparentes tamaños. Olvidan que los&nbsp;<strong>árboles grandes son los favoritos de los leñadores</strong>. Aunque robustos, son frágiles frente al acero afilado del hacha de la vida. Los inflexibles son agresivos; los resilientes, pacíficos. Los estrictos son enormes; los flexibles, casi imperceptibles. Los rígidos son ruidosos, afojados e inmutables; los maleables son silenciosos, serenos y mutados. Los inflexibles lamentan y se quedan; los resilientes se transforman y siguen”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenté que nadie se modifica hasta que entiende que su estilo de vida, en lugar de impulsarlo a la evolución, lo aprisiona en elecciones y comportamientos adversos a cualquier transformación. Es difícil aceptar los propios errores y errores. El obispo asintió con la cabeza y añadió: “La humildad es un elemento indispensable para la resiliencia. No es necesario esperar para cambiar. Incluso lo que es bueno siempre puede mejorar. Sin embargo, mientras el individuo se crea grande, poderoso y poseedor de la verdad, permanecerá insumiso a los cambios. Al negarse a la regeneración continua, los poderosos imperios de antaño terminaron en ruinas. Se aferraron a lo que sabían y a lo que eran. Creían que era suficiente.<strong>&nbsp;Todo&nbsp;</strong>cambia. Lo&nbsp;<strong>que es&nbsp;</strong>inflexible,&nbsp;<strong>pesado y áspero, perece</strong>. Lo mismo ocurre con nosotros. El ciclo de vida se define en la creación, el desarrollo y la regeneración. Los nuevos ciclos traen consigo aspectos más perfeccionados que los anteriores. Siempre. Estos ciclos regenerativos y redentores ocurren dentro de nosotros, tantas veces estamos dispuestos a reinventarnos para evolucionar en una misma existencia. Y luego en otras. La marcha del progreso espiritual requiere el trabajo constante de reconstrucción bajo diferentes y mejores fundamentos. Cuando nos negamos a la regeneración, el ciclo se realiza en creación, desarrollo y destrucción. Entonces, nos derrumbaremos en amarguras, angustias, tristezas y revueltas demoledoras, nuestros invasores bárbaros, como ocurrió con los sumerios, babilonios y hititas».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me pregunté si este proceso sin fin de deconstrucción y reconstrucción no sería demasiado doloroso. El obispo señaló: “Mantenerse cautivo de las propias terquedades e incomprensiones es mucho más doloroso. El sufrimiento está directamente relacionado con la resistencia opuesta al cambio. Cuanto mayor sea el orgullo y la vanidad, más dolorosa será la transformación. Desentrañar mentiras que nos hicieron vivir personajes con poderes ficticios y bellezas efímeras suele avergonzarnos por el ridículo y el arrepentimiento de muchas situaciones vividas. También por eso la humildad es fundamental para la resiliencia. El impacto de la verdad no puede causar deformación, pero puede conducir a la evolución. Sin ningún remordimiento, deja ir a quien ya no eres; regocíjate con en quien te convertirás”. Arqueó los labios en una sonrisa e hizo una dulce provocación: «Quien llegará es mucho más interesante que el que se fue».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté cómo podría conducir mejor mis transformaciones. Explicó: “Para no volverse pesado y rígido, nunca ocupe los compartimentos de equipaje con penas y resentimientos. Perdona a todos y a ti mismo. Confíe en sus dones, virtudes y verdad; son las herramientas perfectas del viaje. Sigue sus intuiciones e inspiraciones, la voz del alma y la voz de lo alto. Escucha, pero ten cuidado con las otras voces. Conviva con muchas personas, las relaciones son fuente de mejora, pero no se aleje demasiado del silencio y la quietud, porque son fundamentales para elaborar las experiencias vividas. Rehúsa a ser hoy quien fuiste ayer; evoluciona un poco cada día. No pelees ni obligues a nadie a acompañarte. Ama lo mejor que puedas y sigue adelante.<strong>&nbsp;Lo que es ligero y suave, prospera</strong>. Admite la ignorancia si quieres aprender. Aquellos que no se aceptan pequeños e imperfectos nunca podrán crecer y mejorar». Hizo una pausa antes de concluir: “Siempre es posible evitar el caos. Creerse grande, poderoso y perfecto es una causa que impide la evolución. Estos, tarde o temprano, serán arrasados por las tormentas que se han provocado. Entonces, se verán obligados a hacer la reconstrucción que antes se negaron por aversión al cambio. La vida requiere movimiento. El caos no llega para castigar, sino para enseñar a caminar».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuimos interrumpidos por uno de los empleados de la casa. El obispo necesitaba regresar a Hipona. Tenía asuntos que tratar con el gobernador de la ciudad. Dije que yo también necesitaba irme, pero no sabía cómo. Le pregunté si podía ayudarme. Respondió que sí con la cabeza, me pidió que cerrara los ojos y dijo: “Todas las noches, antes de dormir, hago la retrospectiva de ese día. Repaso todas mis actitudes, diálogos y elecciones, como si un maestro evaluara a un aprendiz. Me pongo en el lugar de los interlocutores de mis acciones y analizo si, si estuviera en su lugar, cómo me gustaría que me trataran. Entiendo los puntos en los que podría haberlo hecho de manera diferente. No me siento mal ni culpable por ello, pero asumo ante mí mismo el firme compromiso de hacerlo mejor la próxima vez. La vida siempre ofrece la oportunidad de acertar más adelante. Depende de nosotros no desperdiciar”. Cerré los ojos y seguí las instrucciones del obispo. No fue difícil encontrar varios movimientos incompletos o erráticos en mis actitudes recientes. Traté de entender por qué había actuado de esta o aquella manera. El error se corrige en el origen para que no haya reincidencia. El ejercicio me mostró mil posibilidades de transformación. Bastaba con tener resiliencia para poder vivir en mi nueva mirada. Al maravillarme con las oportunidades, me encontré con un hermoso mandala ilustrado con sois dorados y rosas rojas. Sonreí en agradecimiento y crucé el portal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Seis</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las personas, así como las plantas,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nacen delicadas y flexibles,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mueren rígidas y secas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La resiliencia y la determinación son amigos de la vida,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El rigor y la rigidez son aliados de la muerte.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder de las armas conduce a la derrota,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los árboles grandes son los preferidos de los leñadores.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Todo lo que es pesado y áspero, perece.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que es ligero y suave prospera.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>Creencias y verdades. El arte de la realidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Aug 2026 11:57:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Estaba mal. Cuando eso sucede, una de las alternativas a las que recurro es subir a Pedra Bonita, un enorme macizo de granito con vistas al Atlántico, junto a Pedra da Gávea, con vistas a varios barrios de Río de Janeiro. Evito los fines de semana por el gran movimiento....]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Estaba mal. Cuando eso sucede, una de las alternativas a las que recurro es subir a Pedra Bonita, un enorme macizo de granito con vistas al Atlántico, junto a Pedra da Gávea, con vistas a varios barrios de Río de Janeiro. Evito los fines de semana por el gran movimiento. Voy a meditar, rezar y reflexionar. El silencio y la quietud son fundamentales. En los días soleados la belleza es deslumbrante. El azul del cielo se funde con el azul del mar mezclando tonos hasta que se funden en el infinito. La idea del infinito siempre me ha fascinado. Amor e infinito son conceptos que se funden en mí. Creo que no hay uno sin el otro. Me refiero al amor sembrado, sin obligar necesariamente a nadie a acompañarnos. El amor es la flor ofrecida o recibida. Nunca planta dependiente de otra porque se considera incapaz de desarrollarse sola. El amor es la olla de agua fresca de la que bebemos la mitad y dejamos la otra parte para los que vienen detrás. No hay amor sin respeto, compromiso y preocupación más allá de nuestras necesidades, intereses y voluntades. El amor es la base de la evolución espiritual, presente en todas las virtudes, así como en la comprensión de la verdad, bajo la cual cada individuo levanta su propia realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez, en el monasterio, mientras estudiamos el imprescindible Sermón de la Montaña, nos encontramos con el fragmento del texto en el que el mayor de los maestros pronuncia a la multitud la siguiente frase:&nbsp;<em>vosotros sois la sal de la tierra</em>. Ante la dificultad de la clase para entender el significado de esas palabras, el Viejo, el monje más antiguo de la Orden, explicó: “Los textos sagrados tienen varias capas de interpretación. Todas válidas y verdaderas. Una de las que más me encanta es la siguiente: la sal es la más importante de las especias. Cuando nos ofrecen una deliciosa cena, alabamos el sabor de los alimentos que vemos en el plato. Por ser invisible a los ojos después de la cocción, nunca recordamos exaltar las cualidades de la sal. Sin embargo, en ausencia de sal, la comida se vuelve insosa, el sabor desaparece. Así es con el amor, el condimento de la vida”. Hizo una pausa antes de concluir:&nbsp;«Vived de manera que, aunque no los vean ni los reconozcan, la alegría de muchos haya sido atemplada por las manos de su amor, invisibles a los ojos del mundo, pero fundamentales para el gusto de la vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volvamos a la historia que necesito contar. Este hecho ocurrió hace algunos años. Ese día, llovía mucho. Fue una subida difícil. Ese momento no fue diferente. El mercado editorial estaba en crisis. Cada vez más la gente lee menos. Hablo de la lectura de libros en los que autores y lectores comparten el mismo viaje a lugares y universos fantásticos. El escritor muestra escenarios, ofrece personajes y tramas; el lector presta su imaginación para añadir imágenes a las palabras. Algo tan fabuloso que creía sin fin. Ni siquiera la belleza del cine ha arañado el prestigio de los libros; por el contrario, una misma historia tiene contornos y contextos más profundos en los libros que en las películas. Sin embargo, todo había cambiado. Las razones eran varias. Poderosas plataformas internacionales permitieron la publicación de libros digitales a costo cero. La autopublicación dispensaba el trabajo y el conocimiento de los editores, sin importar cuánta calidad se perdiera. Los valores ganados en las ventas se dividirían en diferentes porcentajes, solo entre plataformas y escritores. Ambos ganarían más. Por si fuera poco, la facilidad tecnológica para producir vídeos artesanales de excelente calidad y la existencia de plataformas de visualización, además del apoyo de las redes sociales para la necesaria divulgación, convergieron para cambiar el gusto del público. Vídeos cortos, de pocos minutos, o incluso de unos segundos, ocupaban el lugar de historias que se extienden por cientos de páginas. Ese viaje simbiótico entre autor y lector, después de siglos, tenía los días contados. Los analistas de mercado, tendencias y finanzas fueron unánimes e implacables: la editorial que había fundado y en la que había trabajado durante mucho tiempo, fuente de tantas alegrías y logros profesionales, ya no existiría en unos meses. Todo cambia, siempre lo supe. No hay evolución sin transformación. Había la necesidad de reinventarme. Ahora y siempre. Necesitaba encontrar otro camino. Simplemente no sabía cómo ni dónde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me recosté en una roca, con el océano unos cientos de metros más abajo, con el cielo nublado delante. Admiré el paisaje por unos momentos, luego cerré los ojos. Ignoré la lluvia. Necesitaba pensar, rezar y meditar. La intuición, la inspiración y la reflexión eran indispensables para indicarme la salida de ese laberinto existencial. No solo las ideas necesitan encontrar los lugares adecuados en los estantes de la mente para que haya claridad; los sentimientos también carecen de orden y comprensión para servir a la esperanza y la serenidad, nunca a la desesperación y al miedo. Me quedé así durante un tiempo que no sé si necesito, hasta que me llamó la atención el graznido de los pájaros cada vez más cerca. Cuando abrí los ojos me encontré con Cléo, la bruja, envuelta en gaviotas, caminando hacia mí. De piel y cabello moreno, cuerpo esbelto, movimientos elegantes y vestido revolante, esa hermosa mujer era una leyenda urbana. Muchos habían escuchado historias sobre ella, pocos la conocían. Algunas veces la encontré en Pedra Bonita. Los encuentros nunca dependieron de mi voluntad, sino siempre de los caprichos de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin esperar ninguna invitación, se arrodilló a mi lado. Como si conociera las causas de mi agonía, dijo: “La realidad es la verdad que vivimos. La verdad es la frontera más lejana jamás alcanzada por la conciencia hasta el momento. En su composición, entran importantes dosis de percepción y sensibilidad, los cimientos estructurales de la conciencia. También hay otros elementos de enorme influencia para la formación de la verdad: conocimiento en general, sentimientos, emociones, resiliencia intelectual, información difusa, conceptos científicos, opiniones de personas de gran reputación o que admiramos. Así se forman las llamadas creencias. La calidad de estos aspectos puede ampliar o adormecer la percepción y la sensibilidad. Cuando está intoxicado, roba de la conciencia el libre pensamiento. Se pierde la claridad del discernimiento. La mirada personal queda tergiversada por influencias indebidas y dañinas. Se abica de la verdad singular elaborada a partir de las propias experiencias y conclusiones para adoptar las creencias del mundo. Ya sea por convicción sincera o por mera conveniencia”. Hizo una pausa para permitirme concatenar el arco filosófico y dijo: “Si la verdad establece los parámetros de la realidad, al aceptar una verdad prestada para vivir, el individuo pasará los días en una realidad de alquiler, bajo la cual definirá ruta y rumbo, tomará decisiones y establecerá el destino de su viaje”. Se encogió de hombros y señaló: «No cabe ninguna reclamación si el aterrizaje no es donde indicaba el billete comprado. Quien le vendió tampoco lo sabía. La vida no engaña a nadie”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confesé que nunca había pensado de esa manera. El uso de una verdad prestada me hace confiar el destino de la vida en manos de alguien que tal vez no conoce la verdad o no se mueve por las mejores intenciones. Cléo sonrió y argumentó: “Algo parecido a vivir en una casa que no has construido. Las paredes están pintadas, hay flores en la ventana. Aparentemente todo parece adecuado y perfecto. Sin embargo, no se sabe cómo se construyó ni cómo funciona el sistema eléctrico, pluvial o de alcantarillado. Se desconoce la profundidad y la robustez de los cielos que lo sostienen. Dicen que el techo es firme y que el río que pasa al lado es bueno para bucear y pescar. Le garantizan que la casa es segura y que el residente será feliz allí. El inquilino cree en la buena fe del corredor o del propietario. Puede que no haya ninguna intercurrencia durante toda la existencia. Sin embargo, el río puede desbordarse con las lluvias de verano o puede haber nidos de termitas en el bosque oculto de la estructura. Vivir a la deriva de una verdad de alquiler se llama creencia. Construir la propia casa se llama verdad. Adoptamos las creencias para llenar los vacíos de la ignorancia y responder más fácilmente a las dudas. Damos preferencia a creer en las teorías y versiones que dialogan con nuestras necesidades inmediatas, conveniencias, miedos y deseos. Sustituir poco a poco las creencias por la verdad es un viaje de autoconstrucción en busca de equilibrio y fuerza de movimiento para luego seguir adelante».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comenté que las verdades no eran definitivas ni estáticas. Sin embargo, dinámicas y mutantes. Cléo dijo que sí con la cabeza y agregó: “Conocerse a sí mismo es un requisito indispensable para el acceso a la verdad. El viaje del autodescubrimiento no tiene fin”. Luego agregó: “Al igual que las virtudes, la verdad es parte del arte de la evolución. El compás del perfeccionamiento espiritual se registra por la profundización de la verdad que se produce a través de una conciencia cuya percepción y sensibilidad se agudizan con cada experiencia bien elaborada. A este ritmo, la verdad es un destino que se llega poco a poco, pero nunca se llega en absoluto». Consideré que algunas creencias podrían estar en una etapa más avanzada que las verdades aún en formación primaria. La bruja volvió a estar de acuerdo: “Sin duda. Cuando sucede, nos ayudan a sostenernos por un tiempo. Nunca todo el tiempo, ya que son efímeros e inconsistentes al tratar las notas del viaje de otra persona. Sin demora, habrá un momento en que las creencias se muestren insuficientes para responder preguntas y señalar salidas. La razón es simple: cada persona tiene sus propias elaboraciones, dudas y necesidades. Somos únicos. Agradece, pero es hora de deshacerte de ellas. Sin embargo, no las menosprecies. Recuerde que fueron útiles en esos momentos y, a menudo, proporcionaron elementos valiosos para la comprensión de la verdad, como los primeros pasos de una gran escalada». Cuestioné si era normal que las creencias se mezclaran con las verdades. Cleo aclaró: “Las creencias son como lentes. Sirven para ampliar o tergiversar la mirada. Sin embargo, no son sus ojos. Por lo tanto, no representan su verdad. Las lentes sintetizan las miradas ajenas. Las creencias traen consigo los malentendidos y aciertos, las características buenas y malas de una persona, colectividad o cultura. Queda por ver si estás corto o más allá de ellos para entender en qué ayudan o se interponen en el camino».</p>



<p class="wp-block-paragraph">He argumentado que creer en el poder del amor es necesariamente una buena creencia, independientemente de dónde me encuentre en el camino de la evolución. Cléo sonrió como si hablara con un niño y aclaró: “No hay duda de que el amor es el camino y el destino. Sin embargo, como cualquier otra creencia, esta también debe experimentarse para convertirse en una verdad. La buena creencia se hace realidad cuando tiene la capacidad de responder preguntas, mostrar salidas, aprovechar las superaciones e impulsar la creatividad hacia la transformación. Incluso las mejores lentes tienen limitaciones. La verdad no puede prescindir de la infinidad de aspectos en la mejora de la mirada. El amor es capaz de todo y mucho más. Sin embargo, requiere aprendizaje. La creencia del amor como solución solo se hará realidad en la medida en que vivamos el amor exacto a la perfecta ecuación de todos los problemas. No basta con creer, es necesario utilizar la verdad como factor de cambio para hacer surgir una realidad nueva y diferente. Al igual que el amor, la verdad no es discurso. Sin embargo, acción”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego destacó la necesidad de respeto y delicadeza en las relaciones: “Por extraño que parezca, vivimos realidades distintas en un mismo entorno material, físico y urbano. Diferentes miradas explican múltiples realidades personales que se impregnan y se mezclan en relaciones, a veces convergentes, a veces divergentes. Universos impares se entrelazan con suavidad o aspereza en un mundo común a todos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Miró el horizonte por unos instantes, como si buscara las mejores palabras, y dijo: “El núcleo de la cuestión es que la realidad se moldea de acuerdo con las creencias y verdades de cada persona, estableciendo puentes o muros, construcciones o ruinas, regeneraciones o abandonos, propósitos o abandonos, engaños y aciertos. La comprensión del poder de la verdad en la creación de la realidad encuentra las bases de un importante poder personal: creamos y destruimos la propia realidad a través de los cambios de mirada que se producen a través de las transformaciones intrínsecas. En el compás de la evolución de la verdad adquirimos condiciones para remodelar la realidad de muchas otras maneras. Imaginar las mil creaciones posibles a partir de una reestructuración interna y redentora es fascinante y encantador». Dio una hermosa sonrisa y se secretó: «Todos pueden, pocos lo saben».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté cómo saber la hora de cambiar. La bruja explicó: “Las verdades y las creencias forman el suelo existencial en el que caminamos. Cuando ya no proporcionan las soluciones necesarias para seguir adelante, es como si el suelo se abriera. Nos derrumbamos. El nivel de la crisis variará de cuánto insistimos en utilizar modelos de ser y vivir, pensar y sentir, que ya no permitían avanzar. En última etapa, el caos se instala para barrer la estructura mal construida, incapaz de sostener la evolución personal. Aunque parezca malo, es un regalo. Solo esta comprensión permitirá la regeneración, el renacimiento en sí mismo, como la única forma de rediseñar una nueva realidad. De lo contrario, permanecerá atrapado en las rejas de sus propias incomprensiones”. Frunció las cejas y advirtió: “Revisar verdades, virtudes y hábitos, así como buscar la serenidad de los sentimientos para que no falte claridad en el pensamiento, es una necesidad cotidiana. Solo encontraremos en el mundo la belleza que ya existe dentro de nosotros. No me refiero a la belleza como un paisaje para las fotografías, sino como una esencia y una fuerza motriz».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La bruja miró al cielo. La lluvia se detene. Las nubes se alejaban. Me preguntó si esa conversación me había ayudado a responder a los anhelos que me agonizaban. Dije que no. Las dudas permanecían. Informé lo que estaba pasando. Cómo Internet cambió las relaciones comerciales, creando y destruyendo negocios. Mi editorial estaba cerca del final. Dentro de unos meses estaría en bancarrota. Si lo cerrara ahora, quedaría algo de dinero para invertir en otro negocio. Cléo me miró con seriedad y preguntó: «¿La idea de que los libros impresos se acabarán pronto es una verdad o una creencia?». Argumenté que los expertos fueron unánimes en afirmar el colapso de la literatura impresa. Apuntaron a la disminución del hábito de la lectura; los videos cortos eran entretenidos y requerían menos esfuerzo. Internet y el mundo digital han cambiado el mundo y la vida para siempre. Bibliotecas enteras cabían dentro de una tableta de doscientos gramos. Recordé que los teléfonos fijos y las máquinas de escribir habían desaparecido. Resistir ese cambio era ahogarse en una ola incontenible. Sería más inteligente y sensato navegar por ella. Incluso la forma en que las personas se relacionan había cambiado con la aparición de las redes sociales. Las citas y las relaciones eran cada vez más virtuales. Fue entonces cuando Cléo me hizo pensar: “Las llamadas acortan distancias y el intercambio de mensajes instantáneos hizo que el hábito de escribir cartas se retirara. No hay nada malo en esto. Por el contrario, acercó a la gente. La revolución digital ofrece un sinnúmero de herramientas que, como cualquier otra, tienen una polaridad neutra. El modo en que la usamos establece el polo positivo o negativo de ellas. Así como nos facilita la vida en muchos aspectos, siendo fuente de alegrías y descubrimientos fabulosos, también sirve como medio para intrigas, fraudes y maldades». Hizo una pausa antes de discutir para preguntar: «Dijeste que la tecnología cambió el formato de las relaciones. A pesar de todas las facilidades digitales para que las personas se vean y hablen, ¿podríamos afirmar que los antiguos hábitos de abrazar, besar y hablar en persona estarían enterrados definitivamente?». De inmediato, dije que no. La presencia física era insustituible para los mejores encuentros. Luego preguntó: «¿El placer de leer libros en dispositivos digitales es lo mismo que leer en papel?». De ninguna manera, respondí. El libro impreso, especialmente los bienes editados y diagramados, tienen una magia sensorial difícil de describir. Aunque dentro de unos años tuviera que ir a los museos a leer libros en papel, nunca renunciaría a este viejo hábito, lo garanticé. Las preguntas de Cléo continuaron: «¿Cómo existen otras personas?». Dije que muchos. Incluso entre los más jóvenes se notaba la preferencia por los libros impresos. Sin embargo, recordé, los vídeos cortos sustituyeron a los libros en la preferencia del público. Preguntó: «¿Puede un vídeo de unos minutos, aunque con una enorme capacidad para sintetizar ideas, ocupar el lugar de una lectura amplia y profunda? ¿Sería posible sumergirse en el universo reflexivo de El mercader de Venecia, de Shakespeare, o Ética, de Espinosa, con sólo cinco minutos de imágenes y subtítulos?”. Sin miedo a equivocarme, dije que era imposible. La reflexión expansiva es un camino sin atajos. Requiere dedicación y tiempo. Cléo hizo una observación interesante y obvia: “Hay público para todo tipo de gustos, intereses y entretenimiento. No se trata de lo correcto o incorrecto, sino de la capacidad de construir la realidad en la que cada uno vivirá en el futuro”. Luego hizo la última pregunta: “Volviendo a la opinión de los expertos que lo condujo por los caminos de la desesperación y el miedo, y sin menospreciarlos, ¿está construyendo su realidad bajo creencias o verdad?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me quedé en mudo. Las gaviotas se acercaron. Como en un ballet místico, Cléo giró, alejándose poco a poco, hasta desaparecer. No pude despedirme ni agradecer a la bruja. Las nubes se alejaron. Algunos rayos de sol señalaron la llegada de un nuevo tiempo. O una realidad diferente. Todavía me senté durante un tiempo que no sé si necesito. Estaba a punto de tomar decisiones angulares, no a través de mi mirada, sino basándome en las lentes del mundo. Me dejé mover por las creencias de los demás por no confiar en mi verdad. Ambos ofrecen margen para errores y aciertos, no hay forma de tener garantía. La vida exige riesgos y audacia. Vivir por las creencias es negar la individualidad; confiar en la propia verdad es el primer paso hacia la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin renunciar al progreso tecnológico, convertí todos los libros de la editorial en formato digital. Pero no abandoné el viejo, bueno y tradicional libro de papel. Había que hacer más. Confeccioné ediciones con diagramación, ilustraciones y portadas como nunca lo había hecho. Rescaté clásicos y filósofos que hace mucho tiempo no publicados. Saqué libros para aquellos que aman vivir entre los libros, de la misma manera que vivir junto a otras personas es fundamental para aquellos que se mueven por amor. El resultado fue sorprendente. Aunque la aceptación de los vídeos y los libros digitales es un movimiento innegable y sin retroceso, los libros impresos seguirán en la vida de muchas, muchas personas. A veces, lo nuevo no viene a destruir lo viejo, sino a valorarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de un tiempo, regresé a Pedra Bonita. Quería agradecer a Cléo. Esperé durante horas, ella no apareció. Me senté frente al cielo y al mar en la fusión de los azules en el infinito lejano. Me sumergí en mí mismo. Después de un tiempo, la voz del silencio me preguntó: «Con creencias o verdades, ¿cómo has estado construyendo tu realidad?».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo quinto umbral &#8211; La insólita virtud y una realidad diferente)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 08:28:42 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph">Siglo XV. Estaba frente a la iglesia de Belén, en Praga. Decidí entrar. En la misa, para mi sorpresa, el sacerdote no hablaba en latín, como era obligatorio en ese momento. Usó el idioma local. Por si fuera poco, defendió la idea de la libre interpretación de los textos sagrados en oposición a la primacía de la Iglesia Romana: “Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a conversar con Dios sin la necesidad de ningún intermediario o encargado. El que desea apoderarse de esta conexión es ladrón o impostor». Luego opinó en contra de las indulgencias vendidas por el Papa. “El perdón es la conquista de un corazón sincero, arrepentido de sus errores, reparándolos cuando sea posible, y con el firme propósito de no volver a cometerlos. El perdón también ocurre a través de la purificación de los sentimientos, al vaciar el último residuo de resentimiento provocado por la maldad ajena. El perdón es el amor en su forma más sublime. El dinero no compra la verdad ni las virtudes; tampoco la evolución espiritual. Quien no encuentre el Reino del Cielo dentro de sí, no lo encontrará en ninguna parte», explicó. Aunque la gente aprobaba sus palabras, había un temor generalizado de que ese sacerdote sufriera graves sanciones. La Inquisición se desataba por Europa, como una bestia desconcertada y hambrienta. Al final de la misa, algunos hombres y mujeres lo llevaron a la sacristía. Los acompañé. Estaban preocupados. Una comitiva papal había sido designada para interrogarlo por prácticas heréticas. Llegaría en unos días. La hoguera era la sentencia implacable para aquellos que se atrevían a difundir ideas contrarias a la supremacía del poder político y religioso de la Iglesia Romana. El rey también estaba descontento con él. En sus sermones dominicales, el sacerdote había hablado de la necesidad de algunas reformas sociales, además de la reducción de impuestos. La población estaba inquieta. El grupo de amigos sugirió que se retirara a una granja lejana. Sería bueno dejar que el fuego se enfríe. El sacerdote se mostró reacio. Una de las mujeres recordó que tendría tiempo y traz para escribir el libro que tanto deseaba. Sería una forma de propagar sus ideas a tierras lejanas. Muchas otras personas también tendrían acceso a nuevas posibilidades de relación con lo sagrado. La fe dejaría de ser de dominio institucional para convertirse en un poder personal, como se enseña en el cristianismo primitivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cerco se cerró. El escaso tiempo pedía a gritos una decisión urgente. El sacerdote reflexionó por unos momentos y dijo: «<strong>La gente siente hambre cuando hay muchos impuestos</strong>«. Uno de los hombres dijo que no era el momento oportuno para hablar de política. El clérigo explicó: “Para oídos desatentos, puede parecer simplemente un discurso político. Aunque la interpretación es pertinente y aplicable, no es mi intención. Me gustaría ofrecer una mirada a la forma en que solemos relacionarnos con nosotros mismos, cada uno con uno mismo, y cómo este entendimiento puede convertirse en una clave preciosa para permitir la apertura de muchas puertas; tal vez todas. De lo contrario, los días se perderán en la maraña de malentendidos internos». La gente no sabía de qué hablaba el clérigo. Explicó: “Vivimos de acuerdo con el sistema político que conocemos. El poder de elaborar y derogar las leyes se concentra en la realeza y en la Iglesia. Un pequeño grupo concede y retira los derechos del pueblo. En resumen, lo que podemos y no podemos hacer. No sin razón, la gente siente un fuerte impulso para oponerse al sistema actual. Es natural que&nbsp;<strong>entren en conflicto cuando la represión es grande&nbsp;</strong>y supera el límite soportable. Los gobernantes administran las ciudades probando los límites de la población. Ni la ciudad ni la población evolucionan. Así nos pasa a nosotros”. Uno de los hombres cuestionó si debían organizarse para luchar contra el poder establecido. El sacerdote dijo que no con la cabeza. Sus ojos navegaban por ideas distantes. Explicó: “El sistema político sirve de escaparate a la realidad, pero no la representa. Contrariamente a lo que muchos creen, la realidad no se establece por el código de leyes o el poder financiero. Esto es orden público y potencial de consumo. Dos personas en condiciones materiales similares pueden vivir realidades diferentes. La realidad es personal, porque se expresa en la claridad de la mirada. En la forma en que entendemos todas las situaciones, cosas y personas instante a instante, día tras día. Es el límite extremo de la verdad alcanzada por cada persona. Aunque para algunos una puerta cerrada significa la imposibilidad de seguir adelante, para otros sirve de impulso para el descubrimiento de la llave que la abrirá o la reacción al buscar otro pasaje, hasta entonces desconocido porque nunca se pensó. Sin embargo, hay quienes creen que sólo se moverán si la puerta se abre con manos que no son las suyas. Son los eternos permisos; viven esperando la autorización para pensar y sentir, ser y vivir. No hablo para estimular conflictos o rebeldías, sino para recordar el poder inconmensurable contenido en las soluciones creativas. Los abismos no significan el fin del camino. Nadie pensaría en puentes si no fuera por los precipicios. El poder de crear o destruir realidades reside en la conciencia, nunca pertenece a las autoridades”. Se volvió hacia la gente y preguntó: «¿Entienden?». Todos dijeron que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo tampoco lo había entendido, pero cada vez me gustaba más ese sacerdote. Intentó mostrarnos algo que no veíamos, como si observara la realidad con lentes que aún no teníamos. El clérigo explicó: “Nadie cambia nada a través del conflicto. Al oponerse a la realidad de forma brusca, no la modificas. Sólo establece impasses u obligaciones. Con el tiempo, ambos vieron estancamiento. No hay avance. Nos limitaremos a movimientos repetitivos que, en cualquier análisis, no nos llevan a ninguna parte. El síndrome de las arenas movedizas”. La gente lo escuchaba con atención. Continuó: «Para cambiar algo es indispensable crear una realidad diferente que haga obsoleta la realidad actual. Con tanta mejora y mejoras que será imposible resistir el cambio». Golpeó la mesa con el dedo índice, como para resaltar las siguientes palabras, y dijo: “Nadie crea la realidad en el mundo, sino dentro de sí mismo. Luego simplemente lo vive, cuando lo pone en movimiento a través de sus relaciones y los días». Una de las mujeres quería saber cómo sería si la gente no estuviera de acuerdo con este nuevo modelo de ser y vivir. El sacerdote señaló: “Nadie necesita acompañar a nadie. La realidad es personal y no siempre transferible. Compartimos lo mejor de nosotros y seguimos adelante. Solo los tontos se pierden en el camino por insistir en que los sigan”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de que los razonamientos cambiaran de dirección, nos mantuvo en el rumbo: «Repito. No me refiero a la política. Hablo de la relación que cada individuo mantiene consigo mismo y con las personas, cosas y situaciones que le rodean. Estos son reflejos de eso. Todos los conflictos, males y maldades tienen como origen incomprensiones internas. Sin excepción. Todo lo que nos molesta, asusta o sangra en el alma nos hace sufrir y asustar. En consecuencia, genera aspereza y trastornos en las relaciones interpersonales. Hacemos cobros excesivos e injustificados, desde los íntimos hasta los extraños, como soberanos enloquecidos que establecen tributos pesados e injustos a la población. Cuando no podemos dominar las propias pasiones y deseos, como reyes y papas, controlamos y manipulamos los intereses, verdades y deseos de otras personas. Somos fuentes de conflictos y graneros de dolor. Generamos conflictos, sufrimos con las penas. Elegimos las guerras como estilo de vida porque se desbordan de dentro hacia fuera de nosotros. Cuando nos damos cuenta, ya estamos con una pistola en un campo de batalla cualquiera». Hizo una breve pausa antes de aclarar: “Hablo de los combates familiares, sociales y profesionales. Insignificantes a los ojos del mundo, pero lo suficientemente grandes como para hacernos explotar o implosionar. De robar la paz».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los hombres se preguntó cuándo sabríamos la necesidad de transformar la realidad. El sacerdote arqueó los labios en una simple sonrisa y dijo: «En verdad, siempre. La realidad creada lo trajo hasta aquí. Nunca lo llevará adelante. Es necesario crear otro, diferente y mejor que el actual. No hablo de ensueños ni locuras. Me refiero al perfeccionamiento de la mirada. Al igual que ustedes y yo, la vida y el mundo tienen muchas capas de interpretación. Las experiencias adquieren significados hasta ahora desconocidos cuando las elaboramos con una mirada más aguda. Las verdades que no resuelven ni responden dejan de servir. Tenga el atrevo de modificarlas. Crear otra realidad es transformarse a sí mismo. No hay otra manera”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Silencio. Todos necesitaban asignar esas ideas para metabolizarlas en herramientas de vida. El sacerdote se sentó. Dijo que necesitaba pensar. Las decisiones angulares los esperaban. Pidió que volvieran al final de la tarde. Todos se han ido. Me quedé. Al levantar la cabeza y verme de pie frente a él, el clérigo sonrió. Señaló con la barbilla una pintura de Adán y Eva siendo expulsados del Paraíso y bromeó: «El viaje de la vida comienza con un acto de desobediencia». Nos reímos. Luego agregó: “Crear la realidad es un acto de extrema audacia. La audacia no es la virtud de la falta de respeto ni de los delincuentes. Si lo fuera, no sería virtud. Se trata de la firme disposición a ir más allá de sí mismo, en desobediencia a las falsas verdades, conceptos y creencias que insisten en convencerlo de vivir dentro de un patio trasero limitado, con el argumento de que el mundo es peligroso y la vida traicionera. Que somos incapaces e impotentes, siendo el sufrimiento inevitable y el miedo un eterno carcelero. En caso de desobediencia, será devorado sin demora. En caso de duda, nos quedamos. Con la audacia, en caso de duda, pagamos para ver. La audacia nos enseña que la vida tiene más que ofrecer. Hay infinitas maravillas más allá de las paredes del patio trasero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aprendemos a reevaluar posibilidades y oportunidades, a revisar conceptos y valores. Repito, no hablo de ensueños ni locuras. En el sentido de la palabra, realidad significa cualidad o característica de lo que es real y verdadero. Me refiero a crear una realidad en la que sus dones, talentos y capacidades no queden limitados ni aplastados. No es poco. No es mucho. Es esencial”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me pregunté cuál sería la audacia extrema capaz de crear una realidad suprema, más allá de las garras de la maldad y el miedo. Los ojos del sacerdote vagaron por tierras y recuerdos lejanos, como si lo pusiera ante la decisión que tomaría esa tarde, y reflexionó: “Hay muchas audacias valiosas. Todas preciosas. El león que da paso para que el cordero lleve a los polluelos sedientos a beber el agua más limpia del lago, en gesto de humildad y amor. El condenado que, aunque sea inocente, perdona al verdugo en el momento de la ejecución de la sentencia. Bienaventurados los audaces, entienden el genuino significado de la vida”. Comenté lo difícil que era la audacia. Dijo que sí con la cabeza y aclaró: “Quien se aferra a la vida, no la merece.<strong>&nbsp;La muerte no asusta a los que aman vivir</strong>. Creo que la audacia capaz de crear la realidad angular de la vida es la renuncia. Contrariamente a lo que los incautos imaginan, la renuncia no corresponde a los débiles, inseguros y cobardes. Es un acto de los fuertes que comprenden el auténtico significado de la vida: un gran ciclo atemporal compuesto por diversos ciclos existenciales y temporales.<strong>&nbsp;Vivir es mucho más que estar vivo</strong>. Comprender la evolución espiritual como el objetivo principal de las experiencias vividas le hace renunciar a varios aspectos de la vida por amor a la vida. La renuncia consiste en abdicar de bienes valiosos a la realidad del mundo en favor de otros de quilate inconmensurable a la realidad de la luz. Muchos creen que la renuncia es un desapego. Es dejar ir. Ledo error. Renunciar es cuidar de no perder. Un gesto de valorización de los bienes infungibles y luminosos en detrimento de los tangibles y perecederos. Una realidad diferente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llamaron a la puerta. La comitiva inquisitorial se acercaba. Era hora de partir. Agradecí la conversación y las herramientas ofrecidas. Prometí ponerlos en uso como la mejor manera de demostrar mi gratitud. El sacerdote sonrió satisfecho. Pregunté por dónde debía salir. Me mostró un cuadro en la pared que representaba a San Agustín. Luego agregó: «En sus Confesiones, Agustín recuerda que las personas viajan para conocer las bellezas del mundo, pero pasan la vida sin encontrar su propia belleza por no saber quiénes son». Miré la imagen por unos momentos. Me di cuenta de que detrás del santo había nubes pintadas como si fueran mandalas. Me preguntaba si el sacerdote también vendría. El peligro se avecinaba. Sonrió y explicó con voz serena: “Vivo la realidad que he creado. Mi viaje es otro”. Me despedí y me fui.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Cinco</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La gente siente hambre</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando hay muchos impuestos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entra en conflicto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando la represión es grande.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La muerte no asusta a los que aman vivir.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vivir es mucho más que estar vivo.</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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		<title>TAO TE CHING (Septuagésimo cuarto umbral &#8211; Juzgar y castigar)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Yoskhaz]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Jul 2026 08:16:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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					<description><![CDATA[Estaba en una enfermería cerca de la línea del frente en uno de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Gritos de dolor y pavor. Movidos por una dedicación invaluable, los médicos y enfermeras transitaban entre un sinfín de camillas y camas de campaña. Se mostraban incansables. Observé...]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Estaba en una enfermería cerca de la línea del frente en uno de los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial. Gritos de dolor y pavor. Movidos por una dedicación invaluable, los médicos y enfermeras transitaban entre un sinfín de camillas y camas de campaña. Se mostraban incansables. Observé el lugar durante unos momentos sin saber a dónde ir. Me diribi a uno de los médicos, especialmente preocupado por las consecuencias de las infecciones causadas por las heridas. Visitaba a cada uno de los soldados. Amputar brazos y piernas era la única solución posible para evitar la muerte. Eso fue cuando la herida no estaba ubicada donde la purga era imposible. Había una sincera sensación de preocupación en sus ojos. Luego, se sentó en un banco de madera, sacó un pequeño bloc de su bolsillo y tomó notas a lápiz. Me acerqué. Me miró por un segundo y volvió a los comentarios que escribía. Comenté que los horrores de la guerra eran inimaginables para quien no los vive. El médico se volvió y dijo: “Deleitarse con las novelas de guerra solo está permitido para aquellos que nunca vivieron la guerra. Imaginar no significa conocer. La imaginación alcanza valor y poder solo a partir del conocimiento para luego expandirlo. Antes de eso es mero ensueño e irresponsabilidad típicos de las almas inmaduras». Confesé encantado por el compromiso y la misericordia de los médicos y enfermeras de ese campamento. El hombre sonrió resignado y señaló: “La misericordia consiste en la virtud de aplicar su mejor sentimiento en el esfuerzo por atenuar el sufrimiento de alguien. La etimología de la palabra tiene su origen en el latín, en la unión de otras dos,&nbsp;<em>miseratio&nbsp;</em>y&nbsp;<em>cordis</em>, miseria y corazón, respectivamente. Todavía me quedan muchas leguas para agregarlo al equipaje. Los escasos rastros de este precioso atributo que por casualidad ya existen en mí, se revelan a través del interés científico en la búsqueda de un medicamento que pueda detener y revertir el proceso destructivo de la gangrena». Murmuró como quien cuenta un secreto: «Tengo amor y pasión por la curación».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego continuó: «Tan pronto como regrese a Londres, reanudaré la investigación sobre un tipo específico de hongo tóxico del que creo que existe la posibilidad de extraer la sustancia curativa que busco». Al notarme sorprendido por sus palabras, explicó: «Así como el loto, con su inestimable belleza, nace del lodo fétido, no pocas veces, el origen del remedio reside en el veneno». Giró los ojos por la enfermería para mostrarme el dolor incuantificable y dijo: “Para ser capaces de ojerizar el odio con todas nuestras fuerzas, tenemos que conocer en profundidad este sentimiento mezquino y desequilibrado que, con mayor o menor intensidad y control, aún impregna nuestras emociones ante cada contratiempo. Sin experimentar todo su horror, haremos poesías y discursos sobre algo que imaginamos sin saber. Quien alaba e insiste en las guerras no lucha en las trincheras, sino resguardados en palacios. Mientras el odio impregna nuestras relaciones y reacciones significa que aún no podemos extraer de este veneno el amor indispensable para la curación». Aunque no había experimentado ninguna guerra, al menos en la última existencia, me declaré libre del odio. Confesé que solo tenía dolor y resentimiento de unas pocas personas. El médico me miró con compasión y me aclaró: “No se equivoque. El odio, en sus muchas variantes, es el mal en estado gaseoso, muy difícil de contener dada su volatilidad. Las dolencias y los resentimientos no son más que el odio reprimido, acondicionado y petrificado por el tiempo dentro de nosotros. El dolor y el resentimiento no son más que el odio en estado sólido. El mal es un ilusionista que nos engaña con varios trucos. Como residuo del mal, el dolor es la gangrena derivada del odio que nos consume, nos agota y nos devora».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se encogió de hombros y ejemplificó: “La nieve de las montañas se deshace en ríos hasta desembocar en el mar. El calor hace que esta agua se convierta en nube. El viento la lleva a derramarse como una tormenta en lugares lejanos, lo que dificulta la identificación de su origen. Así el mal nos distrae sobre los sentimientos que nos mueven y dominan; y el odio se manifiesta sin darnos cuenta de su existencia en nuestras elecciones, comportamientos y construcciones erráticas. Mientras no encontremos el amor oculto como el remedio incomprendido capaz de erradicar el odio, seguiremos sufriendo la gangrena de las heridas que cada uno termina provocando en sí mismo. Nos valemos del mal en el ejercicio de argumentos disfrazados en justicia, dignidad y supuestos derechos, en el vano intento de negar la evidencia de los deseos de subyugación y control que nos acostumbramos a practicar ante todo lo que nos causa miedo. La venganza no es justicia; el orgullo no tiene nada que ver con la dignidad; la mayoría de los derechos no son más que manipulaciones de intereses. Nos asustamos ante lo desconocido, las diferencias y lo imponderable. Desde la primera infancia estamos condicionados a vivir de acuerdo con conceptos que, por estar siempre inculcados en nosotros, forman parte de cómo nos levantamos como individuos, solucionamos problemas y definimos cárceles y libertad sin cuestionarlos. Son los dogmas personales. Todos los tenemos todavía”. Pregunté cómo saber si algún concepto enmascarado en la verdad nos llevaba a la mazmorra o a vuelos de gran altura. El médico respondió de inmediato: “Amor o egoísmo. Amor u odio. Basta con percibir el sentimiento que te mueve para entender cómo se construyen tus razones, razonamientos y decisiones. No se levanta un buen edificio sobre cimientos podridos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frunció las cejas y explicó: “Todavía usamos el mal para detener el mal. Lamentamos este mal, no aquel. Desaprobamos el mal en general, pero lo aprobamos cuando se utiliza en defensa de nuestros intereses, voluntades y caprichos. Sin entender la ruta elegida, rociamos la oscuridad dentro y alrededor de nosotros. El miedo y el sufrimiento nos guían hasta la última frontera, cuando más allá del límite solo queda el precipicio de la profunda miseria existencial». Pregunté dónde estaba ubicada esta frontera. Aclaró: “En un antiguo axioma está escrito que,&nbsp;<strong>si las personas no temen a la muerte, no hay forma de dominarlas con amenazas de muerte</strong>. Juzgar y castigar son fuentes de poder mundano debido al mal que podemos causar en otras personas si se atreven a desobedecer. Error y castigo. No hablo de los delitos previstos en los códigos legislativos. Me refiero a las veces que desaprobamos la actitud de alguien por comportarse de manera contraria a nuestros ideales, conceptos o intereses. Juzgamos en el alcance del entendimiento permitido por la calidad de los sentimientos y emociones que expanden o contraen la conciencia. Juzgamos cuando necesitamos encontrar en los errores de los demás los argumentos indispensables para mantener la sensación de superioridad para engañarnos en la creencia de que estamos donde nunca ponemos los pies. No es raro que pasemos gran parte de los días involucrados en críticas sobre el comportamiento y las elecciones de los demás. No porque nos preocupemos por ellos, sino para evitar el esfuerzo por la indispensable perfeccionamiento de lo que podríamos convertirnos. Como cualquier adicto, dependemos de una atmósfera emocional dibujada en las tintas de las ilusiones, mentiras e incapacidades creadas a partir de los juicios y condenas que pronunciamos todo el tiempo. Juzgamos simplemente por el placer inconfesable de condenar. Condenamos a huir de la verdad. Quiénes somos no nos interesa saber. La comprensión, la paciencia, la mansedumbre, la tolerancia y la amabilidad establecen los niveles de amor y sabiduría ya alcanzados. Sirven de instrumentos para la percepción y la sensibilidad, las bases de la conciencia individual. En ella reside la capacidad de destruir viejas miradas en el compás de la construcción de nuevas verdades que nos guían y nos mueven. La necesidad de regenerarse y reinventarse surge a partir del momento en que los conceptos utilizados hasta entonces se muestran obsoletos, ineficaces para resolver las cuestiones existenciales inherentes a la vida cotidiana. Ocurre que, aunque nos empinemos en no admitirlo, a los ojos del mundo, el poder es proporcional a la cuantificación del mal que el individuo puede practicar. No hablo solo de asesinatos y lesiones corporales, sino también de la supresión de derechos y coerciones emocionales, sociales o económicas. Hay muchas formas de castigar y difundir el odio. Vivimos en ambos extremos, castigamos y somos castigados en nuestras relaciones. Como se puede ver, a través de las propias incomprensiones, permanecemos estáticos frente a un enemigo de enorme dinamismo y mimetismo. Concedemos poder al mal haciendo uso de amenazas, explícitas o implícitas, vehículos a través de los cuales establecemos las relaciones de poder, ya sean familiares, sociales o profesionales. De esta manera, creemos que estar protegidos de todo lo que nos asusta”. Sacudió la cabeza en negación y murmuró: «En contra del amor y la libertad, empoderamos al universo exactamente lo que repudiamos en todo el mundo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunté si esa era la última frontera del mal dentro de nosotros. Dijo que no con la cabeza y explicó “<strong>Ante los desobedientes</strong>, de aquellos que se niegan a ceder o negociar con el mal<strong>, será necesario ejecutar la amenaza</strong>, bajo pena de descrédito o debilitamiento de la autoridad que el orgullo y la vanidad requieren para existir. También es el precio que se cobra al miedo. Estamos obligados a practicar el mal. No por nadie, sino movidos por nuestras propias sombras, incoherencias e incomprensiones. Antes, sin embargo, en un gesto de autoexcusa, nos convencemos de que no nos queda otro recurso, sino el mal como único instrumento capaz de restablecer el equilibrio, el respeto y la justicia a las relaciones. Tratamos el mal como si fuera una herramienta indispensable para la vida. Así, por consecuencia inevitable, en la mayor de todas las contradicciones humanas, vivimos como si el mal fuera necesario para la felicidad. En verdad, solo mostramos lo lejos que estamos del amor, ilustrando lo poco que sabemos de la fuerza transformadora y el poder restaurador de este sentimiento sagrado. El respeto y el equilibrio son construcciones internas levantadas por el sesgo del amor propio y la autoestima. El aspecto pedagógico es un supuesto fundamental para todos los actos de justicia genuina. No se educa sin amor ni se camina sin virtudes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El médico continuó: “Los buenos siguen siendo tímidos, los malos siempre han sido audaces. Para construir hay pocos voluntarios; para destruir la cola es enorme. Basta con tener en cuenta la cantidad y la calidad de las críticas hechas en comparación con los elogios que hacemos todos los días sobre el comportamiento de los demás y las cosas del mundo. Hablamos lo que vemos. Cada uno ve con los ojos que tiene. Habrá gracias o desgracias, maravillas o catástrofes en un mismo evento dependiendo del observador. Por lo tanto,&nbsp;<strong>siempre habrá verdugos listos para ejecutar la sentencia</strong>. A menudo, somos nosotros los que condenamos y aplicamos la pena en un acto continuo. Implacables en la ejecución, nos desmayamos en la revuelta y en la tristeza del victimismo insensato cuando el juego se invierte y tenemos que asumir las consecuencias del castigo que se impuso en ausencia de nuestras buenas intenciones. En los juicios de las relaciones cotidianas, las defensas son despreciadas y las meras suposiciones tienen valor de pruebas de cabal. Quien se vale de la espada de la locura y la maldad para condenar no puede quejarse del cuello expuesto al gusto de la guillotina ajena. Desde tiempos inmemoriales, hemos utilizado la paz como argumento para autorizar la guerra. La tiranía valida la opresión como el precio de la libertad. Todos somos verdugos cuando usamos las pomadas de las incoherencias, permisividad y miedos en un intento de evitar la gangrena de las heridas causadas por las propias incomprensiones».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confesé que, aunque esas palabras me sirvieron de espejo, nunca me había visto a través de la óptica del verdugo. El médico se calló por unos momentos, como quien reflexiona antes de hablar para que no quede ningún malentendido, y subrayó: “El mal necesita ser estancado en el límite de los recursos necesarios. Superarlos es también valerse del mal. Oponerse al mal con la fuerza del bien es un deber de quien está comprometido con la propia luz. Ceder al miedo o a cualquier otro interés para negociar con el mal, otro error grave. Ser consciente de los sentimientos e ideas que te mueven a cada momento es fundamental para no dejarte engañar por el mal, valiendo de él con el pretexto de hacer lo correcto. Si no hay virtudes en la acción, corríjalas inmediatamente. Algo en sí mismo está fuera de sí. Como enseñó el mayor de los maestros hace dos milenios en las colinas de Kurun Hattin, estamos más preocupados por apuntar las mortas en los ojos de los demás que en quitar la piedra que existe en los nuestros. Mientras veamos mal por la cantidad de escombros que impiden la visión perfecta, no seremos capaces de juzgar. Nadie puede evaluar lo que no ve ni entiende. No podemos condenar a los que están en lo alto del árbol de nuestro patio trasero si no podemos ver los animales salvajes que los acechan. A menudo, esas bestias somos nosotros. Nunca podemos olvidar las emociones aún indomables que siguen arrancándonos del eje de la luz. Son comunes a todos. Seremos medidos con la regla que usamos para medir a los demás, enseña otro fragmento de ese texto sagrado.<strong>&nbsp;Ocupar la función de verdugo es como usar la sierra del carpintero&nbsp;</strong>sin el conocimiento indispensable para el manejo.<strong>&nbsp;Imposible no cortar la mano</strong>. Innótrales son las heridas gangrenadas en el alma que esperan curación”. Hizo una pausa antes de concluir: “Vive en función de la práctica del bien. Abdique de cualquier mal en sus relaciones, logros y elecciones. Perfeccione en cada obstáculo. Las virtudes agregadas y las verdades desenreventadas son fundamentales para la mejora personal. Agudice la percepción y la sensibilidad para que siempre encuentre soluciones creativas e inusuales ante las dificultades inherentes a los días. Recuerde, los problemas ocultan a los grandes maestros. Encuéntrelos y tendrá acceso a las maravillas de la vida y del mundo. Haz lo mejor que puedas y reserva la aplicación de la justicia a quien tenga derecho, atributo y competencia. Somos parte de una perfecta red hecha a favor de la evolución individual y colectiva. El amor y la sabiduría rigen las leyes cósmicas en el equilibrio y ajuste de todo y de todos en esta fantástica escuela-taller planetario. Inexorablemente. Seamos acusados o magistrados. Sin privilegios ni excepciones”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuimos interrumpidos por una enfermera. Uno de los soldados heridos necesitaba atención inmediata. Era hora de partir. Agradecí la conversación y pregunté a dónde debía ir. El médico señaló con la barbilla en dirección a una enorme hoguera cerca del campamento. Creí que provenía de la explosión de un proyectil. Ante mi asombro, negó con la cabeza para que confiara sin dar lugar al miedo. No se trataba de fuego físico, sino místico. Un mandala. El fuego como elemental de transmutación. Atravesé el portal y seguí el viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Poema Setenta y Cuatro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si la gente no teme a la muerte,</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>No hay manera de dominarlas con amenazas de muerte.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ante los desobedientes&nbsp;será necesario ejecutar la amenaza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Siempre hay verdugos a la lado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para ejecutar la sentencia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ocupar la función del verdugo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es como usar la sierra del carpintero.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Imposible no cortar la mano.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gentilmente traducido por Leandro Pena.</p>
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